Silvana Pérez
Nace en Barcelona capital pero, por capricho de su padre, en su documento pone Granollers. Él, el padre, dice que siempre es mejor ser de pueblo que de ciudad, así que en el registro el padre afirma que la niña nació en casa. ¡Mentira! Así se inicia su vida, con una trolilla. Después de ese día se dedica por completo a crecer, todos los días de su vida va estirando un poco, la ropa le va quedando pequeña. Le crece la espalda, le crecen los brazos, le crecen los pies, las piernas, los dedo, la nariz. La nariz le crecía porque le gustaba mentir, contar mentiras. Tralará. Creo que cuando dejó de crecer empezó a madurar. Pero madurar le cuesta un poco y todavía sigue en ello. Un día vio una obra de teatro que le gustó mucho y otro día decidió apuntarse al grupo de teatro del colegio. Esa quizás fue una decisión que la encadenó a las penurias de ser actriz. Una buena excusa para seguir contando mentiras.
Estudia teatro, trabaja en el teatro hasta que en 2008 decide cambiar de ciudad. Se va a Madrid. En Madrid sigue con esto del teatro, pero algo más. Empieza a escribir, sin técnica, sin base, sólo sabe escribir de ella misma aunque quiere escribir de muchas cosas, así que decide empezar a estudiar de nuevo.
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