viernes, 25 de octubre de 2013
sábado, 19 de octubre de 2013
"La llorona, Tatuaje y No es serio este cementerio" Ejercicio basado en "La Princesa Pitusa" de Fernando Arrabal
LLENAR ESA PECERA
por Paz Palau
En la pecera vacía, el MARINERO pasea cabizbajo por los suelos áridos de su mundo ex acuático. WENDY BROWN, única superviviente de la sequía, se agazapa en su esquina. Un ERIZO y un PEZ, desconcertados y ambiguos, hacen lo que pueden para sobrevivir al abandono. LLORONA llora, sin pausa ni sosiego en un columpio de cristal.
1. LOS MUERTOS: AQUÍ
El MARINERO se detiene ante WENDY BROWN. La huele. Le da un mordisco.
WENDY BROWN. ¿Por qué me muerdes, desgraciado?
MARINERO. Perdona, perdona. Ya no sé lo que hago...
WENDY BROWN se abalanza sobre el MARINERO y le arranca un brazo. Luego lo escupe.
WENDY BROWN. Déjame en paz.
MARINERO. ¿Por qué eres siempre tan hostil? (Recoge su brazo)
WENDY BROWN. Es mi naturaleza. No puedo evitarlo. Soy un alga y venenosa. Además, me estoy secando.
MARINERO. Lo estamos pasando mal por aquí...(Intenta colocarse el brazo.)
WENDY BROWN. Si tienes hambre, prueba con esos. (Señala al ERIZO y al PEZ)
ERIZO. Creo que están hablando de nosotros.
PEZ. Sí. El marinerito tiene hambre. Hazte el muerto.
ERIZO. ¡No! Eso es peor. Muertos somos más fáciles de comer.
PEZ. Pues hazte el vivo.
ERIZO. No puedo hacerme el vivo. ¡Estoy vivo!
PEZ. Echo de menos el agua. Me cuesta respirar... Un momento, yo no puedo vivir sin agua. Y aquí no hay agua. Si no hay agua no respiro. Por lo tanto...estoy muerto. ¡No! (El PEZ se desvanece en el suelo de piedras.)
ERIZO. Hola marinero.
MARINERO. No puedo comerme algo que habla.
ERIZO. A mí me pasa lo mismo. De todas formas, no entiendo ahora esa manía de comer. Antes eso no te importaba demasiado. Además, eres de plástico. No te hace falta comer.
MARINERO. Tu amigo se ha vuelto a morir.
ERIZO. Se muere muchas veces al día. Cada vez que se da cuenta de que, en realidad, ya está muerto. Pero enseguida se despierta. Su muerte es intermitente. Oye, ¿cómo se te ha ocurrido morder a Wendy Brown?
MARINERO. Me estoy volviendo loco. No hay agua. Los barcos no pueden navegar sin agua. Y ésa no para de llorar. Y ahora sólo tengo un brazo. Esto parece un cementerio.
ERIZO. Un cementerio acuático.
MARINERO. Pero sin agua.
PEZ. ¡Un cementerio de vivos!
ERIZO. Claro, querido.
WENDY BROWN. ¡Ojalá esto fuera un cementerio!
MARINERO. No es serio este cementerio.
Suena la canción No es serio este cementerio de Mecano. Todos bailan y cantan sin saber muy bien porqué.
2. HOY NO TE CUENTO MIS PENAS
LLORONA llora. Se columpia y llora.
WENDY BROWN. Es insoportable. ¡Eres insoportable!
MARINERO. Déjala. Cada uno carga con su pena como puede. Tú, por ejemplo, eres muy desagradable porque estás profundamente triste. Y nadie te dice nada.
ERIZO. ¡Toma ya!
WENDY BROWN. ¿Crees que podrías andar si te arranco la pierna?
MARINERO. Bueno, podría utilizar el brazo que ya me has arrancado como bastón.
El PEZ y el ERIZO se ríen.
MARINERO. ¿Por qué estás tan enfadada con todo el mundo? Me han contado que, cuando había agua, eras dulce y carnosa y dejabas a los demás deslizarse por tus muslos...
PEZ. ¿Cómo? ¿No hay agua? (El PEZ se muere otra vez.)
WENDY BROWN. Y tú...¿tú qué? Todo el día dando vueltas en círculos esperando que llegue un barco... ¡Santo Dios! ¡Un barco! Para poder volver a navegar y liarte con todas esas mujeres de sangre caliente y dejarlas luego llorando en los puertos del mundo intentando acordarse de tu nombre. ¿No es grotesco?
LLORONA para en seco de llorar. Y detiene su columpio. Mira al MARINERO.
LLORONA. ¡Tú! ¿Eres tú mi marinero?
MARINERO. Bueno, no sé...¿has perdido uno?
LLORONA. Sí. Hace mucho tiempo. Por eso lloro. Porque no puedo soportar su ausencia y me muero de pena y de amor. ¿Eres tú?
MARINERO. No. Creo que no. Sin duda recordaría haberte abandonado sin escrúpulos.
LLORONA. Qué pena. Me hubiera liado contigo, a pesar de que te falta un brazo y mides diez centímetros.
MARINERO. No pasa nada. A mí tampoco me gustas tú. Eres algo incorpórea y pareces un ser dependiente y sin entereza para reponerte de una pérdida. Puedes seguir llorando. A mí no me molestas.
LLORONA. Gracias, pero ya no quiero llorar más. Ya no tiene sentido. Te voy a cantar una canción que me viene al pelo, y además se titula como yo. ¡Va por ti!
LLORONA canta LLorona, de Chavela Vargas con ahínco y exhibicionismo. Y todos la escuchan con respeto y devoción. Y deja de llorar. Ahora sólo se columpia. A veces, silba.
3. RUMBO IGNORADO
El PEZ se despierta sobresaltado.
ERIZO. Me preocupas. Cada vez tardas más en resucitar.
MARINERO. Hay que salir de aquí. Tenemos que hacer algo.
ERIZO. Claro. Podemos escalar esa lisa pared de vidrio. ¿Cómo no se me había ocurrido antes? ¿Quién lo intenta? ¿Tú? O mejor, podemos hacer una montaña con estas piedrecitas y luego escalar unos sobre otros hasta llegar a...¿ a dónde? ¿A dónde?
WENDY BROWN. O podemos hacer que esa llorona llore hasta la muerte hasta que llene la pecera con sus lágrimas de marinero...
MARINERO. Pero ha dejado de llorar. Está incluso contenta. Mirad cómo se columpia.
WENDY BROWN. ¡Vamos a ponerla triste!
ERIZO y PEZ. ¡Sí!
WENDY BROWN. ¡Eh! Llorona. ¿Por qué te abandonó tu marinero? ¿Será porque eres fea?
MARINERO. No podemos hacer eso. Es cruel.
WENDY BROWN. Tú mismo has dicho que había que hacer algo, ahora te callas o participas. Yo no aguanto más. ¡Estoy tan deshidratada!
ERIZO. Uy, el marinerito se ha enamorado...
MARINERO. No es verdad.
WENDY BROWN. (Canta) Él vino en un barco...
LLORONA. No pienso llorar.
WENDY BROWN. ...de nombre extranjero...
LLORONA. No lloraré.
WENDY BROWN sigue cantando la canción Tatuaje de Concha Piquer, ante la imperturbable LLORONA, pero poco a poco...
WENDY BROWN. Él se fue una tarde, con rumbo ignorado, en el mismo barco que lo trajo a mí, pero entre mis labios, se dejó olvidado, un beso de amante, que yo le pedí...
LLORONA no puede soportarlo más y se deshace en un torrente de lágrimas. WENDY BROWN canta una y otra vez y los demás le hacen los coros. Excepto el MARINERO que, flotando en lágrimas ha llegado hasta el columpio. La pecera se ha llenado con rapidez. El ERIZO y el PEZ juegan a perseguirse. WENDY BROWN vuelve a su esquina, reconfortada y crujiente. El MARINERO consuela a la LLORONA y detiene sus lágrimas con un beso de plástico.
TELÓN
UN JUGUETE PARA EL REY Y EL JARDÍN VETADO
por Gabriel Fuentes
(Jardín cercado junto a un arroyo. Oscuras nubes pueblan el cielo. El Rey pasea con tres hienas que tiran de él. Éstas, escarban en la tierra dejando el jardín repleto de agujeros. En algunos encuentran huesos que roen sin cesar. A lo lejos se escucha un llanto estridente que paraliza por un momento a todo bicho viviente. El Rey desenfunda la espada.)
REY: ¡Otra vez! ¡Un escalofrío recorre mi espalda Real! ¡Ese llanto! ¿De dónde viene? ¡Mis oídos áureos sienten el ardor de esas voces que martillean en mi cabeza! ¡Esos chillidos!¡Y el otro! ¡Mi cabeza! ¡No son de este mundo! ¡Ay, mi cabeza! ¡Y vosotras, bestias! ¡Parad! ¡No respetáis a vuestro Rey! ¡A quien os precede! ¡No dejáis de comer! ¡Engullís cualquier carne y hueso! ¿Devoraríais a vuestro mismísimo padre? ¡Carnaza podrida, aperitivo de bestias! (A lo lejos se acerca un Coro de Macizos sin cabeza que se cuadra ante la presencia del monarca. Éste, intentando mantener el equilibrio, carraspea y ejercita los músculos faciales antes de dirigirse a su audiencia. Rimbombante.) ¡Bienvenidos! ¡Quiero darles la enhorabuena! Han llegado hasta aquí. Estoy satisfecho de su trabajo. ¡Lo han conseguido! Luchan por la madre de las madres con fortaleza e inteligencia. ¡Madre de las madres!
CORO DE MACIZOS: (Al unísono.) ¡Madre!
REY: ¡¡Madre de las madres!!
CORO DE MACIZOS: ¡Madre! ¡Madre!
REY: ¡¡Madre de la grandísima madre!!
CORO DE MACIZOS: ¡Madre! ¡Madre! ¡Madre!
REY: Lo que conlleva una gran peso sobre sus hombros... Y es por ello, que he decidido premiar su maravillosa labor con un regalo de grandes dimensiones. Un regalo adecuado a la importancia de las acciones que desempeñan. Un regalo de gran envergadura para un montón de músculos motivado y emprendedor. ¡Sólo necesitaré un par de minutos!
CORO DE MACIZOS: ¡Minutos!
REY: ¡¡No repitan eso!!
CORO DE MACIZOS: ¡Eso! ¡Eso! ¡Eso!
REY: ¡¡No!! ¡Relájense! (Mientras el Rey se prepara, el Coro de macizos sin cabeza se ejercita a conciencia. Después de unos instantes, el Rey reaparece vestido de folclórica, con unas largas y oscuras pestañas postizas. Canta, haciendo playback, la canción Tatuaje de Conchita Piquer. Cuando finaliza, el Coro de Macizos sin cabeza aplaude efusivamente.) ¡Muchas gracias! ¡Qué público tan agradecido! ¡Tan satisfecho, entregado, obligado! (Dirigiéndose a las hienas.) ¡Debéis saber qué darles! Y dejarles claro quién tiene la espada. No es difícil, sólo es cuestión de darle vueltas a la cabeza...o que alguien lo haga por ti. ¡Mirad, ahí viene! (El Coro de Macizos sin cabeza se cuadra ante la llegada de Morales X.) ¡Descansen, leñe!
CORO DE MACIZOS: ¡Leñe! ¡Leñe!
REY: ¡Relájense! Sólo se trata de Morales X... (Suspira. A las hienas.) No se puede tener todo... (Volviendo.) ¿Cómo va lo mío, pater?
MORALES X: Estupendamente, mi Señor. Esta mañana hemos podido resolver algunas pequeñas cosillas.
REY: ¡Qué alegría la mía!
MORALES X: He de decirle que ha sido una ardua tareílla...
REY: ¿Hablamos de lo único importante?
MORALES X: Por supuesto, mi Señor.
REY: (Señalándole con la espada Real.) ¡No dé por supuesto nada!
CORO DE MACIZOS: ¡Nada!
MORALES X: ¡Nada, por supuesto!
REY: ¡Nada! ¡Relájense! (Dirigiéndose a las hienas. Sonriendo.) Hacedles saber quién manda... (Volviendo.) ¿Y mi juguete?
MORALES X: Una maravilla.
REY: ¿Qué ha podido conseguir esta vez?
MORALES X: Algo casi a la medida de sus intenciones.
REY: ¿Casi?
MORALES X: (Se apresura.) ¡A medida!
REY: ¡No vaya tan rápido!
CORO DE MACIZOS: ¡Rápido! ¡Rápido!
REY: ¡No hablo con ustedes!
CORO DE MACIZOS: ¡Ustedes!
REY: ¡¡Callaos!!
CORO DE MACIZOS: ¡Callaos! ¡Callaos!
REY: Dios mío... ¡Relájense!
MORALES X: (Carraspea.) Mi señor.
REY: (Chasquea los dedos.) ¿Qué me ha traído?
MORALES X: Estoy convencido de que su majestad sabrá valorar el esfuerzo hecho en esta nueva captura...
REY: (Jugueteando con la punta de la espada sobre la hierba.) ¿Cuánto cree que pesa su cabeza?
MORALES X: (Se santigua. Carraspea.) Pertenece a una nueva generación...
REY: ¡No me lo diga, no me lo diga! ¿Es un experimento genético?
MORALES X: ¡Todavía mejor!
REY: ¿Mejor?
MORALES X: ¡Mejor!
REY: ¿Mejor? ¡Ains! ¡Qué intriga! ¿Es una cabra, quizás?
MORALES X: ¡Mejor, si cabe!
REY: ¡Oh! ¡Qué emoción! ¡Mejor! ¿Una yegua? ¿Una cebra? ¿Una jirafa?
MORALES X: Frío, frío...
REY: ¿No será un cocodrilo?
MORALES X: Eso no volverá a pasar...
REY: (Correteando por el jardín.) ¡Ay, qué intrigado me tiene! ¡Lo ha vuelto a hacer! No lo aguanto más...
MORALES X: Puedo decirle...
REY: ¡No me lo diga! No me lo diga... ¡¡Bueno, una pista!!
CORO DE MACIZOS: ¡Pista!
MORALES X: Ha visitado grutas y cuevas.
REY: ¿Grutas y cuevas?
MORALES X: Durante siglos...
REY: ¡Oh, Dios mío! No sé de qué se trata...
MORALES X: Me consta que no es algo que conozca de cerca.
REY: (Arrodillándose.) No puedo soportarlo más... (Levantándose, chasquea los dedos.) ¡¡Pista!!
CORO DE MACIZOS: ¡Pista!
MORALES X: Pertenece a una especie inferior con aspiraciones...
REY: ¡Oh, Dios mío! ¡Qué gusto, tacto, olfato, sabor! ¡Placer! ¡No puedo resistirlo más! ¡Dígamelo!
MORALES X: (Tembloroso.) Es una mujer.
REY: ¿Mi nuevo juguete es una mujer? (Silencio. Pasea por el jardín llevando a rastras a las hienas que atropelladas, se muerden unas a otras. Murmulla. Silencio. Exclama.) Lo ha vuelto a hacer... ¡Esto sí que es sorprendente! ¡Qué alegría me ha dado! ¡Estoy encantado, emocionado, pletórico!
CORO DE MACIZOS: ¡Pletórico!
REY: ¡Inquieto!
CORO DE MACIZOS: ¡Pletórico!
REY: ¡Extasiado, anulado, temeroso!
CORO DE MACIZOS: ¡Pletórico!
MORALES X: (Silencio.) Es una hija cualquiera de una madre cualquiera...
REY: (Recorriendo el jardín de un lado a otro.) ¿Y qué es? ¿Quién es?
MORALES X: Pertenece a la generación mejor preparada de nuestra Historia.
REY: ¡Qué gusto! ¿De dónde viene? ¿Y a dónde va? ¡Y yo con estas pestañas!
MORALES X: No se preocupe, señor. Ha sido instruida para servirle.
REY: ¡Qué emoción! ¿Y dónde está? ¡Apartaos bestias carroñeras! ¿Dónde está?
MORALES X: La haré entrar en cuanto usted me lo permita.
REY: ¡Que entre!
CORO DE MACIZOS: ¡Que entre!
REY: ¡¡Que entre!!
CORO DE MACIZOS: ¡Que entre! ¡Que entre!
(Un relámpago atraviesa el cielo.)
MORALES X: Que entre, pues.
(Suena la música de la canción “La llorona” mientras se abre la gran puerta del fondo del jardín. Tras ella aparece la silueta de una chica con el pecho al descubierto, una corona de flores en la cabeza y un rostro inexpresivo. Chispea. La chica se acerca lentamente.)
REY: (Se oye un trueno. Las hienas salen despavoridas. ) ¡Inútiles! (Volviendo.) ¡Qué formas!
MORALES X: Aquí la tiene.
REY: (Deslumbrado.) ¡Mis ojos! ¿Es una visión? ¡Y ella! ¡Escalofrío!
MORALES X: Una completa mujer.
REY: ¡Qué ser más interesante, alucinante, fascinante, inquietante!
MORALES X: El juguete perfecto.
REY: (Clava la espada en la tierra y se frota las manos.) ¡Quiero empezar ya!
MORALES X: Toda suya.
REY: Pero, ¿por qué llora?
MORALES X: Parece que llora, pero no llora.
REY: ¡Llora!
CORO DE MACIZOS: ¡Llora! ¡Llora!
MORALES X: ¡No llora!
CORO DE MACIZOS: ¡No llora! ¡No llora!
REY: ¡Ante este privilegio! (Silencio.) ¿Y las lágrimas?
MORALES X: Es la lluvia, mi Señor.
REY: ¿Y su cara?
MORALES X: Una cara como cualquier otra, mi Señor.
REY: Parece querer gritar algo...
MORALES X: Ha sido educada en valores, mi señor.
REY: Hasta el cielo parece querer decir algo que prefiero no escuchar...
MORALES X: Nada importante.
REY: ¿Y esos chillidos? ¿De dónde vienen? Me recuerda...
MORALES X: No le haga caso y diviértase.
REY: ¡Mire! ¿Qué hace?
MORALES X: ¿Estiramientos?
REY: Se prepara.
MORALES X: ¿Se prepara? Ya lo estaba...
REY: ¡Se prepara!
CORO DE MACIZOS: ¡Se prepara! ¡Se prepara!
MORALES X: ¡Ah! Debe ser la reverencia, mi Señor.
MORALES X: ¡Ah! Debe ser la reverencia, mi Señor.
REY: ¡Corre! ¡Viene hacia mi! ¡Oh, Dios!
(La chica, haciendo una maniobra se hace con la espada Real y, con una sorprendente destreza, corta de un tajo la cabeza del Rey. Un espeso y negruzco líquido brota del cuerpo del monarca. Relámpagos y truenos invaden el cielo. La cabeza Real rueda hasta uno de los agujeros.)
MORALES X: ¡Ay, Dios mío! ¿Qué has hecho? ¡Sangre Real! ¡Pecado! ¡¡Pecado!!
CORO DE MACIZOS: ¡Pecado! ¡Pecado!
MORALES X: ¡Desagradecida! ¡Aléjate de mi, libertina! ¡Irás directa al infierno!
(Empieza a sonar “No es serio este cementerio” mientras la chica le corta la cabeza a Morales X. La chica levanta la espada mientras los cuerpos descabezados bailotean y sus cabezas cantan. Poco a poco el sol se hace presente en escena. Las puertas del jardín se abren.)
EL SALTO
Por
Lola G. Otero
La Llorona, Tatuaje y No es serio este cementerio.
GASTÓN, UN HOMBRE ELEGANTE, VESTIDO CON TRAJE Y FOULARD COLOR BURDEOS ESTÁ SENTADO EN LA AZOTEA DE UN EDIFICIO, CON LOS PIES COLGANDO EN EL VACÍO Y MIRANDO HACIA ABAJO. CONSULTA SU MOVIL. DE PRONTO POR DETRÁS DE UNA CHIMENEA SE ASOMA OTRO HOMBRE DE ASPECTO VULGAR.
HOMBRE - Oiga. Oiga, ¿puede oírme?
GASTÓN - Déjeme en paz. Quiero estar solo.
HOMBRE - Me llamo Luis.
GASTÓN - Muy bien. Lárguese.
HOMBRE - No puedo. Hoy es martes.
GASTÓN - Y qué.
HOMBRE - Los martes trabajo. Trabajo de martes a sábado.
GASTÓN - Ya veo. ¿Le importaría dejarme en paz?
HOMBRE - Verá, es que no puedo. Mi jefe…
GASTÓN - ¿Pero es que no me oye? le he dicho que quiero estar solo. Necesito intimidad.
HOMBRE - Comprendo, no se altere. Sólo estoy haciendo mi trabajo.
GASTÓN - ¿Es antenista?
HOMBRE - No, yo…
GASTÓN - Márchese por favor.
HOMBRE - ¿Le importa que me quede y charlamos?
GASTÓN – Es tarde. ¡Muy tarde!
HOMBRE – (CONSULTA SU RELOJ) - Sólo son las cuatro y media.
GASTÓN – (CONVENCIDO) - A las cinco saltaré.
HOMBRE – (ASOMBRADO) – ¿A las cinco?
GASTON - ¿No me ha oído? Le he dicho que quiero estar solo ¿qué parte no entiende?
HOMBRE – Disculpe, disculpe, no quiero estorbar, pero entiéndame usted, debo hacer mi trabajo.
GASTÓN – ¿Y no puede hacerlo en otro sitio?
HOMBRE – Pues no.
GASTÓN – Es la historia de mi vida. ¡Siempre igual!
HOMBRE – Vamos, no se ponga así.
GASTÓN – ¡Yo me pongo como quiero!
HOMBRE - ¿Quiere un cigarro?
GASTÓN – No, gracias. No fumo.
HOMBRE – Le importa si yo…
GASTÓN - ¡Sí, me importa! No quiero que fume, quiero que se marche y me deje ¿no entiende que quiero saltar, que voy a matarme?
HOMBRE – Si, si, lo he notado. Ya he visto que quiere saltar.
GASTÓN – ¿Y no le parece que eso merece algo de respeto?
HOMBRE – Pero hombre, por dios…
GASTÓN – Sólo pido intimidad, esto es privado.
HOMBRE – Pero qué privado, si está lleno de gente ahí abajo. Mire, mire.
GASTÓN MIRA HACIA ABAJO, VE LA GENTE, SE INCORPORA Y AGARRADO A LA BARANDILLA COMIENZA A CANTAR EL “TATUAJE” DE CONCHA PIQUER, CUANDO ACABA SE OYE UNA OVACIÓN DESDE EL SUELO, GRITOS DE ¡BRAVO, BRAVO! Y OTROS QUE DICEN ¡QUE SE TIRE, QUE SE TIRE! –
HOMBRE – (APLAUDIENDO) Ha sido emocionante.
GASTÓN – (FASTIDIADO) - Si. Lo sé. Siempre es lo mismo, canto El tatuaje y todo el mundo aplaude. Me felicitan, les gusto.
HOMBRE – ¿Y eso no le conmueve?
GASTÓN – No, la verdad.
HOMBRE – (SE SIENTA A SU LADO) – Dicen que cantar ensancha el alma. Yo es que no tengo oído.
GASTÓN – Son las cinco menos diez.
HOMBRE – Tal vez debería darse un margen.
GASTÓN – ¡Pero qué dice, he dicho que me tiro a las cinco y me tiro a las cinco! ¡Soy un hombre de palabra!
HOMBRE – Pero hombre… no tiene sentido.
GASTÓN – Es usted peor que un “golondrino”, márchese y déjeme suicidarme en paz por favor.
HOMBRE – No puede hacerlo, mire ahí abajo, son sus fans.
GASTÓN – ¡Voy a darles lo que quieren de verdad! ¡Carnaza! Saltaré y verán mi cuerpo proyectarse en el vacío. Nunca olvidarán esa experiencia.
HOMBRE – ¡Por Dios, que truculento!
GASTÓN MIRA HACIA ABAJO, CADA VEZ HAY MÁS GENTE, HAN LLEGADO DOS UNIDADES MÓVILES DE TV, LOS BOMBEROS, UN EQUIPO MÉDICO DEL SAMUR, VARIOS NIÑOS DEL COLEGIO DE LA ESQUINA CON SUS MADRES, UN GRUPO DE JAPONESES, UNAS MONJAS QUE PASABAN POR ALLÍ, ETC. GRITA - ¿Queréis más? – RABIOSO - ¿Queréis más? – UNA NUEVA OVACIÓN COMO UN RUGIDO.
HOMBRE – (ADMIRADO. MUY CERCA DE GASTÓN) – Es usted un líder nato.
GASTÓN – (ENFADADO) - ¡No, no, no! Esto es justo lo que menos me apetece. Yo sólo quería saltar a las cinco. He dejado una carta a mi mujer, otra a mi amante, una para el juez, esto tenía que ser una sorpresa para todos.
HOMBRE – (CONSULTANDO SU MOVIL) – ¡Mire, mire, está en twitter!.
GASTÓN – (DESOLADO) – Es terrible.
HOMBRE – (YA ESTÁ AL LADO SUYO) – No se ponga así.
GASTÓN – Siempre igual, es la historia de mi vida, justo cuando estaba a punto de hacer algo grande los demás lo han impedido. Siempre llega alguien y lo estropea, me quita el mérito. Yo quería matarme hoy. ¿Acaso un hombre no tiene derecho a elegir cómo, dónde y cuándo acabar con todo? ¿Debe el individuo conformarse con ceder una vez y otra vez a las necesidades de los otros? En qué tiempos vivimos, ya nada es posible.
HOMBRE – Tiene usted razón. Ahí no puedo decir nada.
GASTÓN – Mírelos bien, los odio. (GRITA) - ¡Os odioooooo! – LA MASA ENFERVORIZADA LE DEVUELVE UNA OVACIÓN, LOS JAPONESES HACEN LA OLA, LAS MONJAS AGITAN LOS BRAZOS COMO SI ESTUVIESEN EN LA PLAZA DE SAN PEDRO. COREAN “OTRA, OTRA…!
HOMBRE – Se los ha metido en el bolsillo. (CON LA MANO EN LA OREJA) - ¿Qué dicen?
GASTÓN – ¡Quieren más, son insaciables!
HOMBRE – Dele a su público lo que pide. No sea tacaño. ¡Cante, cante para ellos!
GASTÓN – No, no, no, no voy a ceder, ya le digo que no. Ha pinchado en hueso.
HOMBRE – Cantar es mejor que saltar. Si salta todo habrá acabado. No será más que un despojo al que todos contemplaran con pena.
GASTÓN – Me habré salido con la mía, por una vez. Ya no aguanto más.
HOMBRE – Qué manía hombre. No le entiendo a usted.
GASTÓN - ¡Por eso estoy aquí! ¡Nadie entiende nada! Sólo quieren más, más y más. Yo llevo un artista dentro, desde los cinco años estudiando canto, piano, solfeo. Soy tenor, doy cuatro octavas, me sé el repertorio de Pavarotti, tutto, tutto, tutto. Yo estaba llamado a pisar la alfombra roja de los teatros del mundo, y sin embargo, míreme. Un día cometí un error, canté una copla en una boda, de jovencito. Desde entonces mi destino se truncó. Decidieron por mí. Sólo me pedían coplas, yo, Gastón Verbinhjostrën, ¡un coplero!
HOMBRE - ¿Verbinhjostrën?
GASTÓN – Es artístico, alemán, me lo puse por lo de la ópera. Dudé si alemán o italiano, al final elegí Verbinhjostrën. En realidad me llamo Pérez. Gastón Pérez. Sólo soy un juguete roto. Desaprovechado. En fin…
HOMBRE – A mí me gusta la copla.
GASTÓN – (FEROZ) - ¡No me pida una copla! Si quiere le canto otra cosa, con sentimiento. (PAUSA, EL HOMBRE LE MIRA ALUCINADO) - Bueno, voy a saltar.
HOMBRE - ¡Espere!
GASTÓN LE MIRA, DESPUÉS MIRA ABAJO, SUELTA UNA MANO DE LA BARANDILLA Y EMPIEZA A CANTAR MUY DESPACIO “LA LLORONA” DE CHAVELA VARGAS. GRUESAS LÁGRIMAS RESBALAN POR SU ROSTRO, LA GENTE DE ABAJO ENMUDECE. SILENCIO, SÓLO SE ESCUCHA LA VOZ PODEROSA DE GASTÓN. CUANDO TERMINA UN RUGIDO DE ADMIRACIÓN ASCIENDE HASTA LA CORNISA. EL HOMBRE Y GASTÓN SE SIENTAN AMBOS CON LAS PIERNAS COLGANDO SOBE EL VACÍO. OBSERVAN A LA GENTE DE ABAJO.
HOMBRE – Tiene usted mucho “feeling” ¿No quiere re-considerarlo?
GASTÓN – Alea jacta est. Soy un hombre de palabra.
HOMBRE – A veces es bueno cambiar de idea... uno se levanta pensando en hacer una cosa y luego hace otra.
GASTÓN – De eso nada. Mi decisión es firme. Protesto contra la presión social, no me han dejado hacer mi vida. Por eso me mato, porque quiero. Porque Yo Quiero.
HOMBRE – Tiene usted mucho carácter. Le admiro.
GASTÓN – Nadie admira a los copleros. Bueno, van a ser las cinco. Márchese.
HOMBRE – Verá… es que hoy es martes.
GASTÓN – Martes, 22 de marzo. (DECLAMANDO) - ¡A las cinco de la tarde! ¡A las cinco en punto de la tarde!
HOMBRE – Yo trabajo los martes.
GASTÓN – Ya lo ha dicho. A mí me da igual.
HOMBRE – No puedo dejar que lo haga.
GASTÓN – Bobadas, no puede impedirlo, no tiene argumentos. Ya sé que no es la manera, con todos esos ahí abajo… es justo lo que menos deseo, yo quería una cosa sencilla, privada…pero no hay vuelta atrás. Si me quedo tendré que seguir cantando copla y cancioncillas populares. No, no voy a traicionarme. (SE INCORPORA, EL HOMBRE TAMBIÉN SE LEVANTA) Ha llegado el momento.
HOMBRE – Será noticia en todos los periódicos y yo perderé mi trabajo. Mi mujer va a mandarme a la mierda. Sé que tiene un amante. Mi jefe no me aguanta.
GASTÓN – No me cuente su vida, y apártese hombre, necesito espacio para el salto.
HOMBRE – Ya le dije, hoy trabajo.
GASTÓN – Comprendo. Es usted uno de esos…
HOMBRE – Mi trabajo consiste en disuadirle, pero no se me da nada bien, me enchufó en la policía mi cuñado. Soy malo con las armas, hice un curso en CCC, psicología, y me han puesto de negociador; en los secuestros me va fatal, nunca les convenzo, pero lo peor son los suicidios. Empatizo ¿me entiende usted?
GASTÓN - ¡Vaya, lo siento!
HOMBRE – Mi vida es un fracaso.
GASTÓN – No, de eso nada, el fracasado soy yo. No me venga con esas, a ver si ahora va a resultar que tiene usted más motivos que yo…
HOMBRE – No, no si no es eso.
GASTÓN – En fin, ha llegado el momento.
HOMBRE - ¡Podía haber decidido suicidarse ayer que yo libraba!
GASTÓN – No sea pesado, apártese.
HOMBRE – No. (LE AGARRA LA CHAQUETA) Se me han matado tres en dos meses, ¿no lo entiende? No puedo permitirme otro fracaso.
GASTÓN – Suélteme, son las cinco.
HOMBRE - ¡He dicho que no! (FORCEJEAN).
GASTÓN – Ha llegado el momento, mi momento de gloria. ¡Que me suelte le digo!
HOMBRE – ¡No puede matarse, me echaran del trabajo!
GASTÓN - ¡No puede impedirlo!
HOMBRE – ¿Que no?
EL HOMBRE SUELTA A GASTÓN Y SALTA AL VACÍO GRITANDO “BANZAAAI”. GASTÓN SE QUEDA ATÓNITO CONTEMPLANDO EL VUELO DEL HOMBRE HASTA QUE SE ESTRELLA EN EL SUELO. SE OYE UN “OOHHH” DE DECEPCIÓN QUE PROCEDE DESDE ABAJO. GASTÓN MURMURA – ¡¡¡Será hijo de puta!!! ¡¡¡Me ha robado el foco!!!– MIENTRAS LA MULTITUD EN EL SUELO SE ORGANIZA EN COREOGRAFIA TIPO MICHEL JACKSON Y EMPIEZA A CANTAR DESPACITO “No es serio este cementerio”
VOCES – Y los muertos aquí, lo pasamos genial, entre flores de colores….
GASTÓN – (INCRÉDULO Y ALUCINADO) – ¡¡¡Me ha robado el foco!!!
FIN
***
EJERCICIO de las TRES CANCIONES por Sara G. Pereda
(Cocina
con comedor. De fuera se escucha el sonido del fútbol de la
televisión.El PADRE corta cebolla sobre la encimera. El HERMANO
coloca la mesa, se sienta y se sirve agua. La MADRE quita el papel
film a una tortilla de patata.)
MADRE.-
Pues yo me la voy a comer fría,
calentárosla sí queréis.
PADRE.-
(Echando la cebolla
recién cortada sobre los tomates) Así,
con el tomatito queda bien fría.
HIJO.-
Yo me la pienso calentar.
MADRE.-
Coge la que quieras. Va a sobrar, que tu padre y yo no tenemos mucha
hambre.
PADRE.-
Habla por ti.
(Entra
la HIJA muy afectada. Lleva mallas de colores vistosos, una boina
sobre el pelo enmarañado y una camisa de hombre arrugada. De forma
automática y sin dejar de fruncir el ceño, coge un plato, se parte
un trozo de tortilla y lo mete en le microondas justo antes que el
HIJO, que le mira fastidiado.)
HIJA.-
Son las diez, me hubiera dado tiempo de sobra de ir a G.A.P
PADRE.-
¿Qué es eso de G.A.P?
MADRE.-
Era eso de Glút.. (La
HIJA le interrumpe)
HIJA.-(despectivamente)
Glúteos, abdominales y piernas.
(El
HIJO reprime la carcajada)
PADRE.-
Aaah..
MADRE.-
Hubiéras llegado a y media,
así que no te pongas así.
HIJA.-
(Sacando la tortilla y
sentándose bruscamente en a la mesa) Mira
déjalo.
(Se
sientan todos a la mesa)
MADRE.-
Tomás, quita el fútbol anda, que no deja a una cenar tranquila.
(El
PADRE que ya se estaba relamiendo para pinchar un tomate se levanta
fastidiado y sale de escena. La MADRE mientras parte la tortilla con
el tenedor tararea “Tatuaje” de Concha Piquer)
HIJA.-
(inquisitiva)
Mamá, para.
(El
sonido de la televisión entonces se apaga)
MADRE.- “Él
vino en un barco, de nombre extranjero. Lo encontré en el puerto un
anochecer,
cuando el blanco faro sobre
los veleros, su beso de plata...”
HIJO.-
(interrumpiéndole) Mamá, no ha quitado papá el fútbol para
que te pongas a cantar tú.
(El PADRE entra y se
sienta de nuevo llevándose a la boca su tomate victorioso)
MADRE.-
Ay hijo, es que esa canción... Pues era la favorita de tu abuela.
HIJA.-
Mamá, me gustaría cenar tranquila y dejar de pensar en eso.
Gracias.
PADRE.-¿En
qué?
MADRE.-
Es que a tu hija la han mandado un ejercicio, que tiene que escribir
una obra en la que se cante : Tatuaje, La llorona y...
HIJO.-
La de Mecano ¿no?
HIJA.- Sí.
PADRE.- Aah. Qué
curioso.
MADRE.- Y
¿cómo lo llevas?
HIJA.-
Mal. Gracias.
MADRE.- Ay,
hija es que es muy difícil eso. Y encima que quede bien.
HIJO.-
Y una chorrada.
HIJA.- Pues
hazlo tú, imbécil.
MADRE.-
Pero algo tienes escrito ¿no? Que cuando he llegado a casa estabas
ahí.. entre musas.
HIJA.-
A ver sí... pero no sé. Osea más o menos ya lo tengo articulado,
pero es que me he pasado la tarde buscando información de la Guerra
Civil para ver por donde venían barcos extranjeros. Y nada al final
lo he hecho en Bilbao, porque ahí iban muchos barcos ingleses.
(La HIJA se levanta y sale) Bueno
espera que voy a por ello y os lo leo.
MADRE.- ¡Pero
espera a que acabemos!
(Silencio.
Todos comen)
PADRE.-
Yo creo que iban al Puerto de
Santa María. Los barcos digo. Es mejor allí.
MADRE.-
¿Qué?
PADRE.-
Nada.
HIJO.-
Joder, mamá. La tortilla está
como una piedra.
MADRE.-
Ya. No consigo explicárle bien
del todo cómo hacerla a la chica.
(La
HIJA vuelve con unas hojas)
HIJA.-
Mira (Lee)
“Cementerio
cercano al Puerto de Bilbao. Enero 1937. Ana, mujer joven, se
encuentra arrodillada sobre una lápida. Solloza, agarrada a un ramo
de flores. En la lápida se lee“Aquí descansa June Sagarra
(1904-1936). Esposa, hija y hermana querida” ANA, (sollozando y con
acento vasco en lo posible, que humildemente admito desconocer)
(La HIJA deja de leer) Bueno eso
lo he puesto porque no sé cómo escribir con acento vasco.
PADRE.-
Deberías de hacerlo mejor en el Puerto de Santa María de Cádiz.
HIJA.- Pero
tendría el mismo problema con el acento, me da igual vasco que
gaditano.
MADRE.- Pero
quién va a cantar la de Tatuaje ¿La vasca?
HIJA.- Sí,
la idea es que la hermana muerta aparece, vamos un poco como en ¡Ay,
Carmela!, y para no
hablar de guerras pues hablan de amores y...
MADRE.-
Pero hija cómo va a cantar eso una vasca.
HIJA.-
Joe mamá, no todas las vascas son el prototipo antiguo que tienes en
la cabeza.
MADRE.- ¿Y
la llorona también? ¿La de Chavela?
HIJO.- Son
feas como su puta madre.
HIJA.-
¿Pero
eso qué más da? ¡No es el caso! Y sí, también le canta la
llorona porque le dice.. (La
HIJA busca en el papel)
A ver, como la hermana al reecontrarse con la muerta se pone a llorar
pues la muerta le dice..(Lee)
Cálmate
Anita... cálmate, ya no es nada.
(Tararea
la melodía de “La Llorona” a modo de nana.) Si no dejas de
llorar no vamos a poder contarnos cositas tú y yo ¿eh? Qué además
yo no sé cuanto me dejarán estar aquí, que es un misterio esto de
estar muerta. (June coge cuidadosamente un poco del manto a su
hermana y trata de taparse también con él)
Lo
que peor llevo es el frío, Ana. Morirse le deja a una helada
(La HIJA deja de leer)
Entonces canta..
“Tápame con tu reboso
llorona,
porque me muero de frio.
Tápame con tu reboso
llorona,
porque me muero de frio.”
MADRE.- (con
poca aprobación)Ay, no
sé.. Muy buena tendrá que ser la actriz para que cante eso bien y
encima con vasco.
HIJA.-(desmotivada)
y dale... ¡Que es un ejercicio de clase no hay que representarlo!
MADRE.- Bueno
pero lo escribiréis para algo digo yo.
PADRE.- Bueno
hija yo creo que está bien.
(El PADRE
termina de comer, deja el plato en la encimera y sale. Se escucha el
sonido del fútbol de nuevo. El HIJO tira la tortilla a la basura)
HIJO.- Mira
mamá, esto no hay quien se lo coma. (Se
dispone a salir por donde el PADRE)
MADRE.- ¡Eh!
Recoge antes.
HIJO.-
¿Y papá?
MADRE.-
Ha puesto la mesa.
HIJO.- Joder,
encima me pierdo el fútbol (El
HIJO friega la bandeja de la ensalada)
MADRE.-
Y entonces la última. La de Mecano ¿Qué canción era?
HIJO.-
La del cementerio ¿no?
HIJA.-(enfadada
masticando con esfuerzo la tortilla)
Sí.
MADRE.- Pues
yo esa fíjate que no la conozco.
HIJO.- A
ver que es una chusta de canción, yo la sé por una fiesta de
Halloween un año que la pusieron ahí en plan hortera en el local.
MADRE.- Pero
¿cómo es? Cántala.
HIJO.- Sí,
hombre.
HIJA.- Yo
es que me he descargado la letra y ya está, tampoco necesito para
esto saber como es la melodía.
(Silencio. Siguen comiendo. El
fútbol de fondo)
HIJO.-
(de espaldas en el
fregadero, empieza a mover despacio las caderas bailoteando y
cantando muy bajito) “Y los muertos aquí, lo pasamos
muy bien
entre flooores de coloooores...”
(La MADRE y la HIJA se miran
divertidas y tratan de contener la risa)
HIJA.-
¿Cómo
dices que es la canción Juan? (El
HIJO se gira y les mira avergonzado. La MADRE y la HIJA estallan a
carcajadas. Desde el salón suena “¡GOOOOOL”. El HIJO deja los
cacharros y sale corriendo)
HIJO.- Que
os den.
(La
HIJA lleva los platos al fregadero. Mira el reloj de la pared)
HIJA.-(alarmada)
Joe, es tardísimo.
Mañana te ayudo a recoger mamá que no me quiero quedar hasta las
tantas escribiendo (Coge
los papeles y sale)
MADRE.- ¡Pero
bueno! Qué morro tienen... (Se
queda sóla recogiendo. Cierra la puerta para no oír el fútbol y
enciende la radio. Suena “No es serio este cementerio” de Mecano)
¡Anda, fíjate tú!
(Recoge mientras la
tararea)
OSCURO.
Lloronas
de
Silvana Pérez
Lloronas
de
Silvana Pérez
Una tapia que termina en lo alto con grandes pinchos. Por detrás
asoma la punta de un ciprés. Es de noche y el viento sopla muy
fuerte. Un NOVIA vestida de blanco y manchada de barro salta la
tapia, su vestido queda enganchado en los pinchos de la tapia. Ella
queda flotando y se desangra lentamente, pues se ha cortado fatalmente en el cuello durante su salto.
NOVIA.― ¡No!
Se oye una verja cerrarse.
Silencio. Pasos arrastrados. Entra la VIUDA bordeando la tapia,
cabizbaja, no advierte la presencia de la Novia colgante. La Viuda,
ríe.
VIUDA.―
(Ríe)
¡Manuel! (Saca una
petaca del bolsillo y bebe. Ríe más)
¡Manuel! No somos nadie. Malnacido.
NOVIA.―
Señora, perdone, ¿me puede echar una mano?
VIUDA.―
Creo que no voy a llegar hasta ahí arriba. (Se
acerca a ella y resbala con el charquito de sangre).
NOVIA.― ¡Cuidado!
VIUDA.― No se preocupe, en el
negro no se notan las manchas. ¡Llevo demasiado tiempo celebrando su
muerte! (No puede
levantarse de la risa.)
No vaya usted a pensar mal de mí, señora.
NOVIA.― No, pero tenga cuidado
con la sangre. (Alargándole
la mano) Tire de mi
mano, a ver si consigo zafarme.
VIUDA.― Se va a caer usted en
la sangre. (Ríe)
NOVIA.― Las manchas ya me dan
igual.
VIUDA.― Si tiro de usted, va a
caer al suelo. No quiero enlutar de nuevo. (Ríe)
NOVIA.― ¡Vamos! No es tan
alto. ¡Tire de mi mano!
VIUDA.―
Es la primera vez que la veo en este cementerio.
NOVIA.―
Sí, es la primera vez. Tenía que comprobar una cosa.
VIUDA.―
Hay una verja del otro lado, por si tiene que volver. (Ríe
y bebe)
NOVIA.―
Lo sé.
VIUDA.―
Yo también vengo siempre a comprobar una cosa. Y está bien muerto.
Lo enterramos en la tierra, a mi Manuel. Mi suegra quería meterlo en
un nicho. ¡Ni hablar! ¡Que se lo coman los bichos! ¡Que le devoren
los gusanos!
NOVIA
.― ¡No hable así, señora!
VIUDA.―
(Levantándose del
suelo) Yo hablo de mi
Manuel como me da la gana. ¿Quiere un cigarro?
NOVIA.―
Me vendrá bien.
VIUDA.―
(Enciende un cigarro en
su boca y se lo alcanza de un saltito a la Novia)
Es más fácil que lo olvide todo. Celebre que es usted libre
mientras ese hombre está vivo. Deje de buscarle.
NOVIA.―
Yo no busco a nadie.
VIUDA.―
Míreme usted a mi. (Pausa.
Fuman.) ¿Cuándo es
la boda pues?
NOVIA.―
(Silencio.)
Cuando le encuentre. Como me dijo.
VIUDA.―
¿Aquí le está buscando?
NOVIA.―
¡Bájeme de aquí!
VIUDA.―
No creo que tenga usted mucha prisa. Podría haber utilizado el
camino más rápido.
NOVIA.―
¿Qué camino?
VIUDA.―
La puerta. (Ríe)
NOVIA.―
(Termina su cigarro, lo
tira y se apaga sobre la sangre)
Me dijo que si no volvía a buscarme, fuese por él.
VIUDA.―
¿Al cementerio?
NOVIA.―
Después de tanto tiempo, ¿dónde sino?
VIUDA.―
La misma vieja historia de amor.
NOVIA.―
¿Me regala un trago de aguardiente? (La
Viuda, ahora apoyada en la tapia, alcanza la petaca a la Novia) Él
siempre me contaba de su vida, frente a dos copas de aguardiente.
VIUDA.―
¿Y cuándo le perdió?
NOVIA.―
Se fue en un buque.
VIUDA.―
¿Y cómo se llama?
NOVIA.―
Todos le dicen el negro, pero es rubio como la cerveza.
VIUDA.―
(Lentamente se desliza
por la pared, hasta quedar sentada. De nuevo se mancha con la sangre
que sigue goteando) Entiendo.
NOVIA.―
¿No lo habrá visto usted?
VIUDA.―
Por aquí pasa tanta gente. La memoria. Traiciona.
NOVIA.―
Tome.
La Novia le alcanza la petaca
a la Viuda. La Novia agarra fuertemente a la Viuda de la muñeca.
VIUDA.―
¡Suélteme, malnacida!
NOVIA.―
¡Ayúdeme a bajar de aquí!
VIUDA.―
¡Nos vamos a matar las dos!
NOVIA.―
¡Me estoy desangrando! ¡Bájeme! (Consigue
soltarse. La Novia está ahora más cerca del suelo. Silencio.) Tengo
sueño.
VIUDA.―
Duerma.
NOVIA.―
(La sangre gotea
ahora más rápido) Estoy
perdiendo a mi familia. Bájeme de aquí, por favor.
VIUDA.―
Ya queda poco. ¿Bebe?
NOVIA.―
Me pesan mucho las manos.
VIUDA.―
(Bebe)
¿Qué más quiere?
NOVIA.―
Se me cierran los ojos.
VIUDA.―
Ciérrelos.
NOVIA.―
Ayúdeme.
VIUDA.―
En eso estoy.
La
Viuda llora ahora silenciosamente. Llora y llora. Bebe y bebe.
NOVIA.―
Me voy. ¿Viene?
VIUDA.―
El cielo... por mi puede esperar.
Cae
sobre el suelo la última gotita de sangre de la Novia. La Viuda la
observa. La Viuda llora en silencio.
VIUDA.―
¡Manuel!
CENIZAS
Luciano Muriel
DRAMATIS PERSONAE
Colilla pisoteada
Colilla de mujer
Chusta a medio terminar
Cigarro entero
La obra se desarrolla en el interior de un cenicero.
Escena primera
Una colilla pisoteada, una colilla de mujer y una chusta
a medio terminar duermen plácidamente en el interior de su cenicero. La chusta
a medio terminar se despierta y se estira con parsimonia. Canta No es serio este cementerio. Se acerca
a la colilla de mujer y la abraza.
CHUSTA A MEDIO TERMINAR: Buenos días, cariño. ¡Vamos,
despierta! Hoy nos espera otro maravilloso día.
La colilla de mujer se despierta
COLILLA DE MUJER: ¿Y para qué madrugar? Si no tenemos nada
qué hacer...
CHUSTA A MEDIO TERMINAR: Pues disfrutar de nuestra perfecta
vida. O de nuestra perfecta muerte.
La colilla de mujer se levanta. Se caracteriza porque en
su filtro se aprecia la marca de un pintalabios.
COLILLA DE MUJER: (Señalando a la colilla pisoteada)
Desde que no estamos solos nuestra vida ya no es tan perfecta.
CHUSTA A MEDIO TERMINAR: Pobre, a ese se lo fumaron hasta el
filtro, lo pisotearon contra el suelo y vete a saber cómo terminó aquí. Ni él
mismo se acuerda. Lo menos que podemos hacer es cuidar de él.
COLILLA DE MUJER: Eres tan bueno. Cómo se nota que aún te
quedan unas cuantas caladas. Eres el único aquí que aún podría producir fuego.
CHUSTA A MEDIO TERMINAR: Tranquila, mi vida, ya me enciendo
yo por los dos.
La chusta a medio terminar la besa apasionadamente. La
colilla pisoteada tose del cansancio.
COLILLA PISOTEADA: No os detengáis por mí. Es que hoy me
duelen mucho los pulmones.
COLILLA DE MUJER: Pero si nosotros no tenemos pulmones. ¡Es
más, nos dedicamos a destrozarlos!
COLILLA PISOTEADA: Pues a mí me duelen los pulmones. Y
punto.
CHUSTA A MEDIO TERMINAR: ¿Podemos hacer algo por ti?
COLILLA PISOTEADA: Tranquilos, yo no tengo solución. Siempre
estaré retorciéndome y quejándome. Vosotros ya hacéis demasiado aguantándome.
CHUSTA A MEDIO TERMINAR: ¿Demasiado? ¡Nunca es demasiado! En
este cenicero debemos ayudarnos los unos a los otros.
COLILLA DE MUJER: Eres tan bueno, mi amor.
Vuelven a besarse. En ese momento entra desorientado un
cigarro entero, rubio y aún encendido.
CIGARRO ENTERO: ¿Dónde estoy?
Todos lo miran asombrados, exclamando con un inmenso
“¡Oooooh!”.
CHUSTA A MEDIO TERMINAR: ¿Quién eres tú?
CIGARRO ENTERO: ¿Y quiénes sois vosotros?
COLILLA DE MUJER: (Fascinada) Un cigarro entero... Y
aún está encendido.
CHUSTA A MEDIO TERMINAR: ¿Qué hace aquí alguien como tú? Tu
sitio no es este. Tu sitio son los labios de algún humano. ¡Esto es un
cenicero!
CIGARRO ENTERO: Me temo que a mí ya me utilizaron.
COLILLA DE MUJER: ¿Has venido para quedarte?
CHUSTA A MEDIO TERMINAR: Por supuesto que no. En mi cenicero
no hay lugar para cigarros enteros.
COLILLA DE MUJER: Pero tú también estás sin terminar...
CHUSTA A MEDIO TERMINAR: Por eso mismo yo tengo el mando
aquí.
CIGARRO ENTERO: Tranquilo, yo no quiero...
COLILLA PISOTEADA: ¡Puede ser peligroso!
CHUSTA A MEDIO TERMINAR: ¡Seguro que quiere hacerse con el
poder!
COLILLA PISOTEADA: ¡Por nuestro bien, arréstalo! ¡Rápido! ¿A
qué esperas?
COLILLA DE MUJER: ¡No!
La chusta a medio terminar duda un instante pero
finalmente se abalanza sobre el cigarro entero y lo tira al suelo, lo que
provoca que se apague. Finalmente lo amordaza con una cuerda.
CHUSTA A MEDIO TERMINAR: Te quedarás en ese rincón preso. De por
vida.
CIGARRO ENTERO: Pero si yo no pretendo...
CHUSTA A MEDIO TERMINAR: ¡Silencio!
COLILLA DE MUJER: Por favor, ten compasión. Aún no ha hecho
nada.
CHUSTA A MEDIO TERMINAR: Y ahora ya no lo hará.
Se lo lleva fuera de escena. La colilla de mujer se queda
triste.
COLILLA DE MUJER: ¿Cómo ha podido hacer algo así...?
COLILLA PISOTEADA: Tienes un novio muy fuerte. Así
evitaremos problemas.
Oscuro.
Escena segunda
En un rincón aparece el cigarro entero encadenado. Sale a
escondida la colilla de mujer. Canta Tatuaje. Se acerca a él.
COLILLA DE MUJER: ¿Estás bien?
CIGARRO ENTERO: Las cosas ya no me podrían ir peor. Dime,
¿por qué me habéis encadenado?
COLILLA DE MUJER: Te tienen miedo porque eres más fuerte que
ninguno de nosotros. Llegaste encendido, y totalmente intacto. Pero lo que ha
hecho mi novio es una brutalidad.
CIGARRO ENTERO: ¿Ese era tu novio?
COLILLA DE MUJER: Sí, y jamás imaginé que pudiese hacer algo
así. Ya no puedo volver a quererle.
CIGARRO ENTERO: Yo no me siento más fuerte que nadie.
COLILLA DE MUJER: ¿Cómo pudiste llegar entero al cenicero?
CIGARRO ENTERO: Mi dueño me encendió y me lanzó aquí tras
utilizarme para quemar el brazo de su novia.
COLILLA DE MUJER: ¡Pero eso es horrible! ¿Por qué lo hizo?
CIGARRO ENTERO: Habían discutido. Acabaron gritándose y él
se puso muy nervioso.
Pausa.
COLILLA DE MUJER: Ahora recuerdo cuando ella me fumó. Aún
resuenan en mi cabeza sus llantos amargos porque el amor le había explotado en
la cara. Como me ha pasado a mí.
CIGARRO ENTERO: No te mereces estar triste.
COLILLA DE MUJER: Ojalá en este cenicero existieran las
segundas oportunidades.
CIGARRO ENTERO: ¿Y por qué no van a existir?
COLILLA DE MUJER: ¿Qué quieres decir?
CIGARRO ENTERO: Si pudiese salir de aquí yo podría hacerte
feliz.
COLILLA DE MUJER:
Seríamos tan felices juntos...
CIGARRO ENTERO: Sin que importasen nuestras diferencias...
COLILLA DE MUJER: No te preocupes. Sé cómo sacarte de aquí.
CIGARRO ENTERO: ¿En qué estás pensando?
COLILLA DE MUJER: Tengo escondida una cerilla sin usar.
Mañana por la mañana vendré con ella y te liberaré. Te lo prometo.
CIGARRO ENTERO: Eres un ángel.
COLILLA DE MUJER: Soy una colilla usada.
CIGARRO ENTERO: Eres mucho más que eso.
Ella lo abraza a él.
COLILLA DE MUJER: Tranquilo, mi amor, te sacaré de aquí y
seremos felices. Ya lo verás.
Oscuro.
Escena tercera
Donde estaba el cigarro entero ya no hay nadie. La chusta
a medio terminar da vueltas inquieto. Sale la colilla de mujer con su cerilla.
CHUSTA A MEDIO TERMINAR: ¿A dónde vas con eso?
COLILLA DE MUJER: ¿Dónde está?
CHUSTA A MEDIO TERMINAR: ¿Pensabas liberarlo? ¿Tú sabes lo
peligroso que hubiese sido?
COLILLA DE MUJER: ¿Dónde está?
CHUSTA A MEDIO TERMINAR: Pudo habernos matado a todos.
COLILLA DE MUJER: ¿¡Dónde está!?
Pausa.
CHUSTA A MEDIO TERMINAR: Se lo llevó su dueño hace unas
horas. Se lo fumó y lo tiró por el retrete. Al fin estamos a salvo.
La colilla de mujer rompe a llorar.
CHUSTA A MEDIO TERMINAR: ¿Qué haces? ¿Por qué lloras?
La colilla de mujer llora cada vez más fuerte.
CHUSTA A MEDIO TERMINAR: ¡Te habías enamorado de él sólo
porque es más fuerte que yo!
COLILLA DE MUJER: ¡Cállate!
CHUSTA A MEDIO TERMINAR: Maldita ingrata. Te ordeno que te
olvides de él y me ames sólo a mí.
COLILA DE MUJER: No. No pienso. Me quedaré llorando para
siempre.
CHUSTA A MEDIO TERMINAR: Pero el papel se deshará y acabarás
muriendo.
COLILLA DE MUJER: Yo ya estoy muerta.
Pausa.
CHUSTA A MEDIO TERMINAR: Muy bien, pues si eso es lo que
quieres ¡adelante! No me importa. Seguirán viniendo colillas mucho más
atractivas que tú.
Pausa.
COLILLA DE MUJER: Si aún te quedan algunas caladas es porque
eres tan cobarde como tu dueño, que te no te pudo fumar hasta el final por
culpa de sus remordimientos.
CHUSTA A MEDIO TERMINAR: ¡Lo que tú digas! ¡Deshazte en tus
propias lágrimas!
La chusta a medio terminar se va. La colilla de mujer
llora y llora hasta que se deshace. De fondo suena La llorona. Oscuro.
En paz
por Isabel Vidal
CUADRO I. Lágrimas de cocodrilo
El tanatorio. El cuerpo de la ABUELA yace, sin vida, en el ataud. La NIETA, de unos 15 años, se encuentra en la sala, haciéndole compañía. Viste chupa vaquera, camisa de estampados y tejanos. Enganchado en la presilla del pantalón lleva un Walkman y, bien ajustados a la cabeza, unos cascos. Con los dedos, sobre sus muslos, la NIETA marca el ritmo de la música que escucha. Cada vez lo hace con más vehemencia, hasta que acaba tarareando. Progresivamente, el tarareo se convierte en un cante descarado y pasional. La canción en cuestión es “No es serio este cementerio” de Mecano.
NIETA.—¿Qué vieja, te gusta? ¿Quieres escucharla?
La NIETA mira hacia el exterior de la sala, comprobando que nadie la ve. Se acerca a su abuela y le pone los cascos sobre las orejas inertes. La NIETA recupera el karaoke, que acompaña con un ligero movimiento de pies, con la dificultad del cable que la mantiene pegada a la fallecida. En medio del baile, la MADRE irrumpe en la sala.
MADRE.— Pero, ¿qué haces Clara? (Apresurada y mirando a todas partes, arranca los cascos de la cabeza de su madre.) ¿Hasta muerta la vas hacer pasar vergüenza?
CLARA.— ¡Ja! Como si la abuela hubiera pasado vergüenza alguna vez en su vida.
MADRE.— No, desde luego, era igual que su nieta. Siéntate y llora, que aquí no se viene a bailar, se viene a llorar.
CLARA.— No puedo llorar.
MADRE.—Pues haz como que lloras.
CLARA.— Mamá.
MADRE.— ¿Qué pasa ahora?
CLARA.— Estás loca.
MADRE.— A callar.
La MADRE empieza a llorar escandalosa y desconsoladamente. CLARA la observa estupefacta y, en cierto modo, avergonzada.
CLARA.— Parece que la que se está muriendo eres tú, mamá, ¿quieres llorar más bajo?
MADRE.— Si es que me estáis matando entre todos.
CLARA.— Exagerada.
MADRE.— Si me ayudaras un poco, no tendría que hacerlo todo yo. ¿Qué te costará echar una lagrimilla? ¿O qué quieres, que la gente piense que no queríamos a tu abuela?
CLARA.— Pero quién iba a querer a la vieja con la mala leche que tenía la puñetera...
MADRE.— ¡Niña! Ni se te ocurra volver a hablar así de tu abuela que está de cuerpo presente.
CLARA.— Sí, si estuviera de cuerpo presente, presente, nos íbamos a enterar tú y yo de lo que vale un peine. Además, la vieja era una cachonda mental, se reía de todo el mundo. Seguro que ella hizo lo mismo en los entierros de sus amigas.
MADRE.— Sí, muy cachonda pero ríete tú de ella. Y deja de llamarla vieja, ¿es que no te he enseñado yo que a los mayores hay que respetarles? Me habrás oído tú a mí alguna vez decirle vieja a la madre que me parió. (Disimula ante la gente que pasa junto a la sala. Recupera el llanto desmesurado.) ¡Ay, la que me parió, la que me crió, la que me educó! ¡Ay, pobrecita mía, qué pronto te ha llevado Dios! ¡Si es que era una santa! ¿Cómo no te iba a llevar, madrecita mía?
CLARA.— ¿Pronto? Si por ti fuera se habría ido con Dios hace una década, vamos.
MADRE.— ¡Calla! ¿Será posible? ¿No te das cuentas que nos estás poniendo en evidencia con esos comentarios? Que van a pensar que la hemos matado adrede, ¿quieres callarte y llorar de una vez?
CLARA.—Lo que tú digas.
CLARA se pone de nuevo los cascos y vuelve a su burbuja musical. La MADRE continúa llorando, casi a gritos.
CUADRO II. Despedida
Se ha hecho de noche. CLARA y su MADRE continúan en la sala del tanatorio. Están dormidas, en una postura bastante incómoda, sentadas en un par de sillas de plástico. La MADRE ronca. Entre ronquido y ronquido, deja escapar un falso lloriqueo. CLARA se despierta con la banda sonora del sueño de su madre. Le da un codazo a ésta, que despierta sobresaltada. Inmediatamente y sin pensarlo dos veces, la MADRE se echa a llorar, un llanto evidentemente falso.
CLARA.— ¿Qué haces mamá?
MADRE.— (Continúa llorando, medio dormida.) ¡Ay, la pobre!
CLARA.— Anda calla, que ya no hay nadie. Duérmete otra vez, pero deja de roncar.
MADRE.— (Detiene el llanto bruscamente. Susurra a su hija.) ¿Tú no sabes que las paredes oyen? ¿Quién te dice que no hay alguien rondando por ahí, vigilando si lloramos la muerte de tu abuela o no? ¿Y si hay cámaras? Si nos ven durmiendo tan tranquilas van a pensar que tu abuela era una mala pécora y que nadie, ni su propia hija, la quería. (Recupera el llanto.) Con lo buena que era, Señor mío, ¿cómo te la llevas y nos dejas con tanto dolor?
CLARA.— ¡Calla, calla! ¡Que va a haber cámaras aquí, por Dios!
MADRE.— (Cesa el llanto de nuevo.) Mira que ahora se está poniendo de moda, que nos tienen vigilados en todas partes.
CLARA.— Te mirarán pero por cateta, eso seguro.
La MADRE, dolida por el comentario de su hija, se revuelve en la silla dándole la espalda. Vuelve a dormirse. Ronca, gime, ronca, lloriquea, se lamenta y vuelve a roncar. CLARA, que no consigue conciliar el sueño de nuevo, se acerca al cuerpo de la ABUELA.
CLARA.— Mira que hasta el final vas a conseguir que hagamos lo que tú quieres, vieja. Quieres que lloren tu muerte y ahí tienes a tu hija ahogándose en lágrimas de cocodrilo. Anda que... Escucha, un regalito vieja... de despedida. Tu favorita. (Le pone los cascos junto a las orejas y recuesta la cara sobre su pecho.)
CUADRO III. Abuela
Amanecer. CLARA recostada sobre el pecho de su abuela. La MADRE durmiendo, encogida en una silla. Empieza a escucharse una mujer que canta, en la sala contigua. CLARA no se inmuta. La voz de la cantora se hace más presente, está cargada de emoción. La MADRE despierta.
MADRE.— ¿Qué es eso?
CLARA.— (Al escuchar la voz de su madre, se incorpora rápidamente, separándose de la fallecida.) ¿Qué pasa?
MADRE.— Escucha. Viene de ahí al lado. (Pega su oreja a la pared.)
CLARA.— ¿Qué haces ahora, mamá?
MADRE.— ¿No lo escuchas? (Se concentra en lo que escucha al otro lado de la pared.) Pero qué bonito... Le están dedicando una canción. Mira, mira, se me ponen los pelos como escarpias. Qué bonita ceremonia...
CLARA.— Seguro que fue una buena mujer.
MADRE.— Y cómo la querían... (Continúa escuchando.) Es gitana...
CLARA.— ¡Qué va a ser gitana, mamá! Si la Patro era más blanca que la cal.
MADRE.— La que canta, digo. Escucha, escucha el quejío.
CLARA.— (Se apoya en la pared, junto a su madre.) ¡Pero qué quejío, ni quejío! Si eso no es flamenco.
MADRE.— Pero ¿y lo bonito que suena? Mira como aplauden. ¡Y lloran! Escucha como lloran. Ya podrías tú aprender de ellos, hija. (Repentinamente, se separa de la pared y sale de la sala.)
CLARA.— ¡Mamá! ¿A dónde vas? (A la abuela.) Tu hija está chalá, Mari Pepa. ¿Cómo te atreves a irte y dejarme con ella, eh, vieja? Mira que eres egoísta hasta para morirte.
La MADRE vuelve a la sala acompañada de una MUJER INDÍGENA MEXICANA.
MADRE.— Mira Clara, hija, ella es la cantante.
CLARA.— Ho-hola, hola.
MEXICANA.— Hola mi amor.
MADRE.— (A la MEXICANA.) Ahí la tiene usted. Mírela... Tan pálida. Con el verde sucio que tenía siempre. Era muy trabajadora, ¿sabe usted? Siempre estaba metida en algún fregao. Ande, ande, acérquese. Mejor de cerca, porque era medio sorda y ahora debe estar sorda entera.
CLARA.— Pero mamá, ¿qué haces? ¿Tú crees que a esta mujer le interesa si la vieja oía o no?
MADRE.— Calla Clara. Mira, escucha, escucha.
La MEXICANA se acerca al ataúd. Entona la canción de La Llorona de Chavela Vargas. Empieza tímida, hasta que poco a poco va levantando la voz y deja salir la emoción en su voz. La MADRE empieza a llorar. CLARA mira la escena desconcertada.
CLARA.— ¡Ya vale! ¿La quieres dejar descansar de una vez? (A la MEXICANA.) ¡Tú, vete!
MADRE.— ¡Clara! No trates así a la señora, que está componiendo una canción dedicada especialmente a la abuela. ¿No te parece bonito?
CLARA.— ¡No! La vieja no se merece que le canten ninguna canción, ¡dejadla!
MADRE.— (A la MEXICANA.) Perdona, hija. Está muy afectada, era su abuela favorita, ya sabe.
CLARA.— ¡Era mi única abuela!
MADRE.— (Saca el monedero y le da unas monedas a la MEXICANA.) ¿Esto es?
MEXICANA.— Son mil pesetas.
CLARA.—¡Qué mil pesetas ni qué hostias! ¿Le vas a dar mil pesetas por estropearle a la vieja sus últimos minutos de vida?
MEXICANA.— La música permite a los muertos hacer el viaje a la otra vida en paz.
MADRE.— (Pone pucheros.) Espero que funcione y la pobre pase en paz a la otra vida.
MEXICANA.— Lo lamento mucho, ¿estaban muy unidas?
MADRE.— Como una madre y una hija.
CLARA.— ¡Sí, como una madre y una hija que se odian! (A la MEXICANA.) ¡Estábamos deseando que se muriera, nos hacía la vida imposible! ¡Todo el día de mala leche! Desconfiaba de todo el mundo, pero de todo el mundo. No confiaba ni en su sombra. La putada es que casi siempre acertaba la joía. Esa mujer nunca va a estar en paz, por más canciones que le cantemos. Además... ¡mi abuela odiaba esa canción! (Echa a la MEXICANA de la sala.)
MADRE.—¿Cómo?
CLARA.—Que a la vieja no le gusta esa música.
MADRE.— Repite eso.
CLARA.— A la vieja no le gusta esa música.
MADRE.— No, lo que has dicho antes. La has llamado abuela.
CLARA.—Bueno... Era mi abuela.
MADRE.— Es la primera vez que te escucho llamarla así.
CLARA.— Y la última, porque ya no la podré llamar más.
MADRE.— No le hemos pagado, se va a vengar. Va a ir proclamando por todo el pueblo que nos alegramos de que tu abuela se haya muerto.
CLARA.— Pero si todo el mundo la odiaba mamá, qué más dará que se sumen dos más a la causa.
MADRE.— La odiaban, pero le tenían respeto. Le tienen mucho respeto a nuestra familia. ¿Qué respeto le van a tener ahora que saben que nos tiramos los trastos a la cabeza esperando a ver quién se muere primero? (Se queda mirando al vacío, en silencio.)
CLARA.— Mira, si dejan de respetarnos por lo menos no tendremos que hacer tanto esfuerzo en mantener ese respeto. Cuanto peor se hable de nosotras, más margen tendremos para hacer lo que nos de la gana. Como hacía la vieja, vivir como le daba la gana.
Silencio. La MADRE, con la mirada aún perdida en el vacío, empieza a tararear la melodía de la canción Tatuaje de Conchita Piquer.
MADRE.— (Interrumpe la melodía.) Esa era la canción favorita de la vieja. (Continúa cantando.)
CLARA.— Conchita Piquer, la única con la que se entendía mi abuela.
Las dos comienzan a cantarle la canción Tatuaje a dúo a la Vieja.
(Isabel Perlas lanza el ramo de novia hacia atrás. Mientras las naturalezas muertas, el Cocodrilo, la pantera disecada, el mono pintor y la Armadura del caballero extienden sus brazos para recoger la esperanza entre sus manos)
Wundercammer
(Por
Jana Pacheco)
PERSONAJES:
Isabel Perlas, Mono Pintor, Pantera disecada, Cocodrilo
colgado, Retrato del Duque de Rio Tinto, Armadura de Caballero, Coro de
naturalezas muertas.
Condado
de estornudos sin importancia, S. XIV. En el ala este del palacio se sitúa la Cámara
de Maravillas del Rey Don Golfo IV. Es una estancia de gran tamaño, repleta de
muebles y objetos extraños. La pared de la derecha está cubierta de cuadros. El
horror vacui asfixia el muro de piedra, que se verá obligado a respirar hacia
el exterior, donde está el río. Los bodegones y los retratos se amontonan en
una composición aleatoria de muy mal gusto. En un primer plano, vemos una
naturaleza muerta de pájaros decapitados. La sangre se extiende sobre la mesa
abriéndose camino entre las cebollas y los puerros. En la pared izquierda, los
cuadros se alternan con todo tipo de artilugios de metal oxidado. Entre ellos,
algunas reliquias de guerra salvaguardadas por la armadura de un caballero que
cruza sus brazos y apoya la cadera en la pared. La visera de su casco está
ligeramente levantada.
Del
techo cuelgan animales disecados como en un diluvio universal planificado.
Entre ellos, destaca un cocodrilo colocado en línea perpendicular con el
espectador.
En el
centro de la sala aparece el Mono Pintor retratando a la bella Isabel Perlas,
hija de Don Golfo IV, que posa sentada en un taburete de madera, mientras
acaricia una pantera disecada. Detrás de ella, sobre un caballete, descansa el
retrato del Duque de Río Tinto, hombre de unos treinta años, cuyo rostro está
cubierto por frutas y hortalizas que conforman su fisonomía.
CUADRO
I: NATURALEZA VIVA
ISABEL PERLAS: (Sin
parar de llorar) ¡Deje de cantar Mono Pintor! ¡Basta de burlas!
MONO: Todos me dicen el negro, llorona, negro pero…
cariñoso. (Ríe y estornuda)
ISABEL PERLAS: ¿Usted ha visto bien? ¿Ha visto ese puerro
que tiene en la garganta simulando un collar?
MONO PINTOR: Señora será mejor que deje de llorar.
PANTERA DISECADA: Es peor el pimiento que tiene por nariz mi
señora.
COCODRILO: (Con voz
afeminada) A mí me rechiflan los tomates que tiene por ojos. ¿No le parecen
hermosos señora perlitas?
ISABEL PERLAS: (Sin
parar de llorar) ¡Basta! No se burlen más. Ese duque es horrible y no
pienso casarme con él aunque me traiga todo el vino tinto del condado.
MONO PINTOR: (Canta)
Yo soy como el chile verde, llorona, picante pero sabroso. (Suelta la paleta de pintor y se tapa el
hocico para disimular su risa).
COCODRILO: ¿Chile? Pintor arréglese la vista. Eso es un
pimiento.
ISABEL PERLAS: ¡Eso es un castigo! Me lo envían desde el
infierno por haberme bebido todo el vino de palacio.
PANTERA DISECADA: Mi señora, quizá sea un galán caballero.
ISABEL PERLAS: (Estornuda
y llora al mismo tiempo) ¿Caballero?
MONO PINTOR: Deje de llorar Señora Perlita o quedará usted más
fea que su prometido.
COCODRILO: Permítame que le contradiga señor pintor, pero
eso es imposible
ISABEL PERLAS: ¡No pienso casarme con él! No voy a dormir
con una remolacha fresca soplando en mis oídos. Ni por todo el vino del mundo.
ARMADURA DE CABALLERO: (Se
endereza y se acerca al caballete para mirar el retrato del Duque de Río Tinto)
¡Que horror! ¡Por el metal de Perifasio! Querida Perlitas, sólo tiene usted
que hablar con su honroso padre. El Señor Don Golfo anulará la boda en cuanto
vea esta pintura.
RETRATO DEL DEQUE: (Canta)
¡Ay de mi llorona! Llorona de ayer y hoy, ayer maravilla fui llorona y ahora ni
sombra soy.
ISABEL PERLAS: (Estornuda)
¡El Duque ha hablado!
MONO PINTOR: Sí, habla y canta. Lleva cantando desde que lo
trajeron. Pero ustedes no le dejan meter pavo con ganso. Son un corral de
espías.
ISABEL PERLAS: Reconcholis. ¿De dónde viene usted? Tiene un
huerto en la geta y además habla.
PANTERA DISECADA: (Canta)
El vino en un barco, de nombre extranjero…
MONO PINTOR: Era hermoso y rubio como la cerveza,
el pecho tatuado con un corazón,
en su voz amarga, había la tristeza
doliente y cansada del acordeón.
ARMADURA DE HIERRO: Y ante dos copas de aguardiente
sobre el manchado mostrador,
él fue contándome entre dientes
la vieja historia de su amor:
MONO PINTOR: Era hermoso y rubio como la cerveza,
el pecho tatuado con un corazón,
en su voz amarga, había la tristeza
doliente y cansada del acordeón.
ARMADURA DE HIERRO: Y ante dos copas de aguardiente
sobre el manchado mostrador,
él fue contándome entre dientes
la vieja historia de su amor:
RETRATO DEL DUQUE:
Mira mi brazo tatuado
con este nombre de mujer,
es el recuerdo del pasado
que nunca más ha de volver.
Ella me quiso y me ha olvidado,
en cambio, yo no la olvidé
y para siempre voy marcado
con este nombre de mujer.
con este nombre de mujer,
es el recuerdo del pasado
que nunca más ha de volver.
Ella me quiso y me ha olvidado,
en cambio, yo no la olvidé
y para siempre voy marcado
con este nombre de mujer.
(Estornuda. Se le cae el
pimiento que tiene por nariz)
ISABEL PERLAS: ¿Se le ha caído el pimiento?
MONO PINTOR: ¡Se le pegaron los estornudos! Retoños estamos.
Si el paño canta… meado se levanta.
COCODRILO: ¿Qué ha dicho?
MONO PINTOR: (Murmurando
hacia otro lado) Si el Duque estornuda… descubriremos la veladura.
ISABEL PERLAS: ¿La veladura?
MONO PINTOR: (Carraspea)
Señora, escuche usted al duque. Le ha dicho que quiere a otra.
RETRATO DEL DUQUE: A otra quiero (Estornuda. Se le caen los tomates que tiene por ojos)
ISABEL PERLAS: ¡Repampanos! ¡Se ha quedado sin ojos!
RETRATO DEL DUQUE: Perdón. No puedo parar de estornudar.
MONO PINTOR: Es el río. Nos hace estornudar a todos.
RETRATO DEL DUQUE: (Extrañado)
Los animales no estornudan.
MONO PINTOR: Ellos están muertos, no tienen alergias.
CUADRO
II: NATURALEZAS MUERTAS
(Las cabezas de los pájaros
muertos salen de los bodegones. Ruedan por el suelo hasta llegar a la altura
del cuadro. Picotean las frutas que están en el suelo)
ISABEL PERLAS: ¡Socorro! Los cuadros están vivos. Las
naturalezas muertas no están muertas. ¡Detengan a esa lechuza!
ARMADURA DE CABALLERO: Señora no se alarme. Yo lo soluciono (Dando una patada a las cabezas de las aves).
Aún me acuerdo de cuando jugaba al futbol en Camposurco.
COCODRILO: ¡Que talento! ¡Qué porte!
ISABEL PERLAS: ¡Deténganse! ¡Deténganse!
PANTERA DISECADA: Señora no se altere o le subirá el
colestertor.
(Los cuerpos de las
aves salen de los cuadros. Llegan hasta las cabezas para recomponer su anatomía
avícola y poder levantar el vuelo. Comienzan a comerse las hortalizas que
forman parte del rostro del Duque de Río Tinto)
MONO PINTOR: (Golpeando
a las aves con el pincel) ¡La veladura!
PANTERA DISECADA: Si hoy tienes la vela dura… Mañana la tendrás
madura. (Ríe)
COCODRILO: Panter, no lo intentes. Tú no tienes tanta gracia
como el maldito mono este. Le salen enroscadas desde el rabo. ¡Lo tiene en las
venas!
ARMADURA DE CABALLERO: No seas bufido. La felina lo intenta.
MONO PINTOR: Pero es verdad que muy bien no le sale.
ISABEL PERLAS: (Estornuda,
llora, corre) ¡Socorro, socorro! Se han vuelto todos locos.
CUADRO III: NATURALEZAS ENTERRADAS
(Los pájaros terminan
de comerse el retrato. El retrato picoteado deja ver la veladura que se
ocultaba con las frutas y las hortalizas. Es un hombre hermoso)
ISABEL PERLAS: (Retirando
los restos vegetales que aún cuelgan de la cabeza del retratado) ¡Por las
perlas de nuestro Señor Enrique! ¡Es usted hermoso! (Lamiendo el retrato)
RETRATO DEL DUQUE: Señora no me chupe la nariz.
ISABEL PERLAS: ¡Que preparen todo para la boda!
RETRATO DEL DUQUE: ¡Se lo suplico! Déjeme marchar. Mi amada
me espera.
ISABEL PERLAS: ¿Su amada?
RETRATO DEL DUQUE: Le dije que amo a otra.
MONO PINTOR: ¡Le dijo!
COCODRILO: ¡Le dijo!
PANTERA DISECADA: ¡Le requetedijo!
ISABEL PERLAS: (Estornudando)
¿A otra? ¿La del tatuaje? Pensaba que era sólo una canción.
ARMADURA DE CABALLERO: No estornude mi señora, que está feo.
COCODRILO: (Guiñando
el ojo al caballero) Fea
ISABEL PERLAS: Mono puede usted taparle el tatuaje al Duque.
Píntele de inmediato mi nombre en el otro brazo.
MONO PINTOR: Señora, los tatuajes no se borran, están en la
piel. Tinta en sangre…
ISABEL PERLAS: ¡Basta! ¡Hagan obediencia! ¿O prefieren que
le pida a las naturalezas muertas que sigan comiéndose el retrato? Ese faisán
estará encantado de devorarle un trocito de brazo al señor Duque.
RETRATO DEL DUQUE: No, se lo ruego, pídale a esas fieras que
no me coman más.
ISABEL PERLAS: ¿Se casará usted conmigo?
RETRATO DEL DUQUE: ¿Me queda algún remedio?
ISABEL PERLAS: Entonces podemos ir preparando el convite.
(Las naturalezas
muertas despliegan sus encantos. Sus frutos son extendidos en la mesa. Los
retratos que cuelgan de las paredes salen de sus cuadros para celebrar el
convite. Empieza a escucharse la melodía de No es serio este cementerio de
Mecano)
RETRATO DEL DUQUE: (Canta
atemorizado) Colgado del cielo, por doce cipreses
ISABEL PERLAS: Tiene mi cementerio una fosa común, donde estamos los héroes de Cuba.
CORO DE NATURALEZAS MUERTAS: Y los muertos aquí lo pasamos muy bien, entre flores de colores.
ISABEL PERLAS: Tiene mi cementerio una fosa común, donde estamos los héroes de Cuba.
CORO DE NATURALEZAS MUERTAS: Y los muertos aquí lo pasamos muy bien, entre flores de colores.
MONO PINTOR: Que los muertos aquí es donde tienen que estar.
RETRATO DEL DUQUE: Y el cielo por mí, se puede esperar
(Isabel Perlas lanza el ramo de novia hacia atrás. Mientras las naturalezas muertas, el Cocodrilo, la pantera disecada, el mono pintor y la Armadura del caballero extienden sus brazos para recoger la esperanza entre sus manos)
LA REINA Y EL GRILLO
(Chus de la Cruz)
DRAMATIS, ILUSTRISIMUS, PERSONAE:
REINA ELENA SEÑORA de las ARTES y los DISPARATES
PRINCIPE SIETEMACHOS LEGIONALIUS
PRINCIPE CHULITO OLÉQUEOLE
PRINCIPE WALKING DEAD
APESTORUM.
DRAMATIS,
BESTIARRUS, ¿PERSONAE?:
LA CABRA ASUNCIÓN (Come carroña y tropas enemigas.)
LA VACA QUE RÍE (Bicho peligrosísimo)
LA TORTUGA NINJA (Líder de una secta satánica italiana. Come
pizzas y resucita muertos)
EL GRILLO LAZARILLO (Insecto maléfico, malvado y malditisimo)
“Había
una vez una reina
que
vivía en un castillo,
como
mascota tenía un grillo
llamado
Lazarillo.
Adoraba
la monarca
oír
cantar al animal,
con
su música celestial
pasaba
horas amenas
en
lo alto de una almena.
Mas
la reina tenía una pena,
no
había rey en su reinado,
el
rey padre ya era muerto
y
marido no había encontrado.
Cientos
de jóvenes príncipes
por
la piedra han pasado y
la
reina aún no se ha casado...”
REINA ELENA.- Estimados, queridísimos y amadísimos pretendientes.
Hoy quiero agradeceros vuestra presencia en este mi humilde palacio y daros la
más calurosa bienvenida. Sin más dilación daremos comienzo a la serie de
pruebas que, como manda la tradición, tendréis que superar para conquistar mi
espongiforme corazón. En mi sapientísimo reino lo primero que debéis saber es
reflexionar. Quiero ver vuestras aptitudes para tan ardua tarea. Bien, ¡qué
comience la reflexión!
PRINCIPE SIETEMACHOS.- Ilustrísima y pizpireta majestad ¿sobre qué
debemos reflexionar?
REINA ELENA.- ¿Osa usted, Príncipe Sietemachos a cuestionar mi
primera prueba de amor?
PRINCIPE SIETEMACHOS.- Disculpe su graciosa majestad.
REINA ELENA.- ¿Graciosa? ¿Cree que soy el bufón del reino? Mis
vastos conocimientos en todas las materias conocidas y por conocer, habidas y
por haber, abren entre nosotros un precipicio que presupongo insalvable a no
ser que supere las tres pruebas. Silencio y reflexión.
PRINCIPE SIETEMACHOS.- Regia señora disculpe
REINA ELENA.- ¡Señora! ¿Acaso no conoce mi estado civil inútil
zorromoscón? ¿No esta usted aquí por eso? Todos a reflexionar sobre la reflexión
reflexionadora del que reflexiona sobre la nada vacía de la reflexión.
Reflexionando reflexoramente sobre el reflexionar reflexionador del
reflexionarte. ¡Reflexión!
(Todos, toditos, todos
con caras de estupor,
ponen miradita de nodo
y suspiran reflexión)
LAZARILLO.- Cri,cri,cri...cri,
cri,cri...cri,cri,cri...cri,cri,cri.
REINA ELENA.- ¡Tiempo! Primera prueba superada. Huele a reflexión.
¿Qué opinas Lazarillo?
LAZARILLO.- Cri,cri,cri...cri,
cri,cri...cri,cri,cri...cri,cri,cri.
REINA ELENA.- Que razón tienes querido grillo, eres un genio.
Ofrendas, ofrendas a vuestra amada soberana. ¿Qué podéis ofrecer a mi vasto
reino de conocimiento y excelsa sabiduría?
LAZARILLO.- Cri,cri,cri...cri,
cri,cri...cri,cri,cri...cri,cri,cri.
REINA ELENA.- Qué gracioso eres Lazarillo. Venga mamarrachos las
ofrendas, si es que tenéis algo que ofrecer...
PRINCIPE SIETEMACHOS.- Seño...
REINA ELENA.- Seño ¿qué?
PRINCIPE SIETEMACHOS.- Se...se... serena majestad. ¿Es de su
agrado que comience este servidor presentando a su señoría mis humildes
presentes?
REINA ELENA.- Adelante...
(Suenan las trompetillas
y se abre el portalón
entra una dulce cabrilla
que desfila con la legión)
REINA ELENA.- ¿Una cabra inmunda?
LAZARILLO.- ¡Cri,cri,cri...cri, cri,cri...cri,cri,cri...cri,cri,cri.!
PRINCIPE SIETEMACHOS.- Es la cabra Asunción.
REINA ELENA.- ¿Qué puede ofrecerme una cabra?
PRINCIPE SIETEMACHOS.-Majestad, protección. Es una fiera bizarra.
Una bestia parda que devora a las tropas enemigas. Ataca lanzando bolas negras,
alojando los proyectiles en la traquea de los infieles les lleva hasta la más
agónica de las asfixias. Y si a algún insensato
se le ocurre aferrarse a la vida, le mata del asco. Después devora sus
cadáveres. Los campos de batalla quedan impolutos.
REINA ELENA.- Interesante. Protección y ahorro en los servicios de
limpieza.
PRINCIPE SIETEMACHOS.- Estamos desarrollando un proyecto de tutti
fruti genético. Hemos mezclado los genes de nuestras tropas con los de los
machos cabrios. El resultado ha sido espectacular, unas fuerzas militares de élite, descendientes del
pastoreo cabril de la edad media. Imagínese, majestad, la perplejidad de las
tropas enemigas cuando en nuestras primeras filas de defensa vean machos
cabrios lanzando a propulsión supersónica bolas negras por los aires. ¡Podríamos
conquistar el mundo entero!
REINA ELENA.- Increíble...
LAZARILLO.- Cri,cri,cri...cri,
cri,cri...cri,cri,cri...cri,cri,cri.
REINA ELENA.- Baja la voz Lazarillo. No conviene que se asusten y
les entre inseguridad. Siguiente, usted Príncipe Chulito Oléqueole. Qué ofrece
usted?
(Suenan las trompetillas
a ritmo de paso doble
y cuan fiera corrupilla
entra una vaca noble)
REINA ELENA.- ¡Socorro, socorro una vaca brava!
PRINCIPE CHULITO.- Majestad tranquilizaos. No es una vaca fiera.
Es la Vaca que Ríe. Vaca con gran linaje y estirpe. Hija de la vaca lechera que
da leche merengada, ¡ay! Que vaca tan salada. Es nieta del famosísimo y
venerado toro de Osborne.
REINA ELENA.- ¡Vaya una vaca con pedigrí!
PRINCIPE CHULITO.- Y con un séquito de seguidores de entre ocho y
ochenta años. Controla sus mentes con sus famosos quesitos de la Vaca que Ríe.
Llevan un componente adictivo que anula la voluntad y les hacen sonreír estúpida
y continuamente. Señora...
REINA ELENA.- ¿Señoraaaaa?
PRINCIPE CHULITO.- Se... se... sempiterna majestad quiero decir...
ejem... Si resulto yo merecedor de su confianza y exquisitos favores, tendremos
millones de súbditos sin voluntad propia, plegaran sus deseos y necesidades a
los nuestros. Pagarán felizmente desorbitados impuestos a troche y moche y sin
rechistar. Es más, siempre con una sonrisa en los labios. Engordarán nuestras
arcas matrimoniales y nos daremos la vida padre.
REINA ELENA.- Excelsa ofrenda Principito Chulito.
LAZARILLO.- Cri, cri, cri...cri, cri, cri...cri, cri, cri...cri,
cri, cri.
REINA ELENA.- ¡Lazarillo! Sssssss. Son idiotas pero no sordos.
LAZARILLO.- Cri, cri, cri... Cri, cri, cri
REINA ELENA.- ¿Con una daga? No sé, No sé. Las manchas salen muy
mal.
PRINCIPE CHULITO.- ¿Decía amadísima soberana?
REINA ELENA.- Nada... ¿Algo más, Principito Chulito?
PRINCIPE CHULITO.- Si, conmigo podría usted disfrutar del espectáculo
más tradicionalmente saleroso del mundo.
REINA ELENA.- ¿También entretiene tradicionalmente?
PRINCIPE CHULITO.- Sí y siempre con una sonrisa en el hocico. ¿Me
permite hacerle una demostración?
REINA ELENA.- Veamos pues...
(El Príncipe Chulito
muleta y estoque en mano,
enchufa su traje de luces
y se coloca el paquete ufano.
Torea a la vaquilla
de semblante risueño.
Se ajusta la torerilla
con pase de pecho burgueño)
REINA ELENA.-¡Viva, viva!¡Maravilloso espectáculo!
PRINCIPE CHULITO.-. Podría ser nuestra fiesta nacional.
REINA ELENA.-( Ríe cuan cascabel) ¡Interesante tradición! Sólo queda usted, Príncipe Walking Dead.
LAZARILLO.- Cri, cri, cri...cri, cri,cri...cri, cri, cri...cri,
cri, cri.
REINA ELENA.- Es verdad ese tufillo a rata descompuesta...
LAZARILLO.- Cri, cri,cri...cri, cri,cri...cri, cri, cri...cri,
cri, cri.
REINA ELENA.- No digas tonterías, no me estoy encariñando. No seas celosón...
PRINCIPE WALKING
DEAD.- Majestad,
es mi turno. No necesito trompetas, ni cabras ni vaquillas. Le presento a la
Tortuga Ninja...
(Se abre el portalón
vuela una pizza margarita
atravesando todo el salón.
Entra la tortuguita
cantando a la dolce vita
berreando a pleno pulmón)
REINA ELENA.- ¡Repámpanos! Y habla italiano...
PRINCIPE WALKING DEAD.- Eso no es lo mejor. Pertenece a una secta
satánica italiana. Resucitan a los muertos eruditos y hacen que posean los
cuerpos de los mortales. Los miembros de la secta están ya poseídos por Michel Ángelo,
Donatello, Raphael, Leonardo. Podríamos resucitar a nuestro antojo a los sabios
de la antigüedad. Y no dejar lugar ni espacio para nuevos sabios de las futuras
generaciones que con sus ideas mancillan la tradición. Nuestros territorios serían
la cuna de la antigua sabiduría. ¿Qué le parece?
REINA ELENA.- Me parece que ese aroma peculiar que usted desprende
me esta obnubilando los sentidos...
PRINCIPE WALKING DEAD.- La ofrenda señora, la ofrenda...
REINA ELENA.- ¿Señoraaaaaa?
LAZARILLO.- ¡¡¡Cri,cri,cri...cri,
cri,cri...cri ,cri, cri...cri, cri, cri.!!!
PRINCIPE WALKING
DEAD.- Se...se.. senecta.
No... Digo... Selecta, selecta, tiene usted una belleza selecta. ¿Qué le parece
la ofrenda?
REINA ELENA.- Difícil decisión... Necesito unos minutillos...Todos
a reflexionar sobre la reflexión reflexionadora del que reflexiona sobre la
nada vacía de la reflexión. Reflexionando reflexoramente sobre el reflexionar
reflexionador del reflexionante. ¡Reflexión!
( Todos, toditos, todos
con caras de estupor,
ponen miradita de nodo
y suspiran reflexión)
LAZARILLO.- Cri,cri ,cri...cri, cri,cri...cri, cri, cri...cri,
cri, cri.
REINA ELENA.- Sí, es el momento Lazarillo. Mi amado grillo
interpretará con sus excepcionales dotes musicales una canción. Quien acierte
la canción gobernará conmigo el reino y se convertirá en mi esposo haciéndome
así por fin señora. Pero quien no adivine el tema interpretado por Lazarillo,
será eliminado de la faz de la tierra con esta daga, que la misma Melpómene me
regalo para ajusticiar a los traidores de las artes y la sabiduría. ¿Estamos?
(Los príncipes disimulandillo
intentan el mutis por el foro.
Puertas, ventanas y pestillos
cercan a los nobles y su lloro)
REINA ELENA.- ¡Canta Lazarillo!
LAZARILLO.- Cri,cri ,cri...cri, cri,cri...cri, cri, cri...cri,
cri, cri.
REINA ELENA.- Príncipe Sietemachos, ¿de qué canción se trata?
PRINCIPE SIETEMACHOS.- ¡Yo! Ufff, pues, pues. Sólo he estudiado
coplas... (Canta gorgoriteando indecentemente) El vino en un barco de
nombre extranjero...
REINA ELENA.- (Ríe cuan cascabel siniestro) No, no y no.
(Tras un tenso silencio
y las lagrimas del respetable,
la reina cambia de tercio
degollando al primer culpable)
REINA ELENA.-Lazarillo canta de nuevo
LAZARILLO.- Cri,cri ,cri...cri, cri,cri...cri, cri, cri...cri,
cri, cri.
PRINCIPE CHULITO.- Señora piedad. Déjeme marchar...
REINA ELENA.- ¡Canta
miserable!
PRINCIPE CHULITO.- ¡No sé, no sé!
REINA ELENA.-Canta o sin cantar te arrebaño el pescuezo con tajo
limpio y certero, mequetrefe. Una vaca, una vaca en mi reino, que
ocurrencias...
PRINCIPE CHULITO.- (Canta desafiando a los truenos y los rayos)
Todos me dicen el negro, llorona... Yo soy como el chile verde, llorona, picante
pero sabroso...
REINA ELENA.- (Ríe cuan cascabel siniestro y afónico) No,
no y no. Y esto también por llamarme otra vez señora.
(Tras un tenso silencio
y las lagrimas del respetable,
la reina cambia de tercio
degollando al segundo culpable)
PRINCIPE WALKING DEAD.- Amadísima, ilustrísima, reverendísima
majestad. No puede matarme.
REINA ELENA.- ¡Canta apestoso gusano!
PRINCIPE WALKING DEAD.- (Canta con voz de ultratumba)
Colgado del cielo, por doce cipreses, doce apóstoles de verde velan doce
meses...
REINA ELENA.- (Ríe cuan cascabel siniestro, afónico y
chirriante) No, no y no.
PRINCIPE WALKING
DEAD.- No puede
matarme.
REINA ELENA.- ¿Por qué no puedo putrefacto cacho de moho?
PRINCIPE WALKING DEAD.- Se ha fijado en el tufillo que desprendo.
En la capa de moho que tengo sobre la cabeza y en los gusanos que me salen por
las cuencas de los ojos. Ya estoy muerto, majestad.
REINA ELENA.- ¡Caspitas, repámpanos, retuetanos! ¡Maldición! Todo
nuestro plan al garete Lazarillo.¿Qué hacemos?
LAZARILLO.- Cri,cri, cri...cri, cri,cri...cri, cri, cri...cri,
cri,cri.
REINA ELENA.- Eso es, te incineraré. Te convertiré en polvo.
PRINCIPE WALKING DEAD.- Mas polvo enamorado seré...
(A salto de mata
la reina pilla una antorcha
le acerca la llama a la pata
y todo su cuerpo se acorcha.
Por siempre jamás reinaron
la reina, la cabra y el grillo.
Todos, toditos tuvieron
tiempo para la reflexión.
La vaca y la tortuguilla
huyeron en un camión.
La tortuga fue famosa vidente
y la vaca una gran vedette,
se asociaron con una serpiente
para hacer un show de varietés.
La luna espía nerviosa
el reino desde el castillo,
los súbditos lloran sangre
mientras los nobles beben vinillo. )
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