KAPERUCITA KOJA
Nace
en el barrio de Chamberí en la década de los 70. Hija y nieta de cirujanos
forenses, su primera incursión en el mundo de las letras se produce a la edad
de 9 años cuando resulta finalista del premio de literatura infantil “El Gato Chivato”
con un relato llamado “Se mueven” en el que habla de las cucarachas que viven bajo
su colchón; desconcierta su estilo un
tanto irónico y mordaz no exento de madurez impropia en una autora tan joven. Con doce años es sorprendida robando el Ulises de Joyce en el Corte Inglés de Goya y ante los
requerimientos del guardia de seguridad huye al exterior siendo atropellada por
un taxi en la calle de Alcalá. Desde entonces ha sido operada en dos ocasiones
de su cadera izquierda, motivo por el cual arrastra una leve cojera. Su talante
iracundo y la osadía de la que hace gala son debidas, según ella, a que es
nieta de una abuela anarquista y a la hepatomegalia que sufrió en la
adolescencia producto, a su vez, de una temprana afición a los destilados. Fue,
precisamente, en esa época cuando adoptó el sobrenombre con el que hoy la
conocemos, sustituyendo su cresta punkie
por una sudadera con capucha de color rojo que lleva impresas las iniciales K.K. Su
periplo en el mundo de las letras se ha visto avalado por la obtención de
numerosos premios y reconocimientos en periodismo y literatura. En la
actualidad sólo pone su pluma al servicio del diario “Veneno” y colabora como
crítica de espectáculos en la Real Escuela de Arte Dramático de Madrid, lugar
del que suele afirmar, que se siente
como en casa…
en el barrio de Chamberí en la década de los 70. Hija y nieta de cirujanos
forenses, su primera incursión en el mundo de las letras se produce a la edad
de 9 años cuando resulta finalista del premio de literatura infantil “El Gato Chivato”
con un relato llamado “Se mueven” en el que habla de las cucarachas que viven bajo
su colchón; desconcierta su estilo un
tanto irónico y mordaz no exento de madurez impropia en una autora tan joven. Con doce años es sorprendida robando el Ulises de Joyce en el Corte Inglés de Goya y ante los
requerimientos del guardia de seguridad huye al exterior siendo atropellada por
un taxi en la calle de Alcalá. Desde entonces ha sido operada en dos ocasiones
de su cadera izquierda, motivo por el cual arrastra una leve cojera. Su talante
iracundo y la osadía de la que hace gala son debidas, según ella, a que es
nieta de una abuela anarquista y a la hepatomegalia que sufrió en la
adolescencia producto, a su vez, de una temprana afición a los destilados. Fue,
precisamente, en esa época cuando adoptó el sobrenombre con el que hoy la
conocemos, sustituyendo su cresta punkie
por una sudadera con capucha de color rojo que lleva impresas las iniciales K.K. Su
periplo en el mundo de las letras se ha visto avalado por la obtención de
numerosos premios y reconocimientos en periodismo y literatura. En la
actualidad sólo pone su pluma al servicio del diario “Veneno” y colabora como
crítica de espectáculos en la Real Escuela de Arte Dramático de Madrid, lugar
del que suele afirmar, que se siente
como en casa…







