domingo, 28 de septiembre de 2014

PERFIL DE KAPERUCITA KOJA

KAPERUCITA KOJA


Nace
en el barrio de Chamberí en la década de los 70. Hija y nieta de cirujanos
forenses, su primera incursión en el mundo de las letras se produce a la edad
de 9 años cuando resulta finalista del premio de literatura infantil “El Gato Chivato”
con un  relato llamado “Se mueven”  en el que habla de las cucarachas que viven bajo
su colchón; desconcierta su  estilo un
tanto irónico y mordaz no exento de madurez impropia en una autora tan joven.  Con doce años es sorprendida  robando el Ulises de Joyce en el Corte Inglés de Goya y ante los
requerimientos del guardia de seguridad huye al exterior siendo atropellada por
un taxi en la calle de Alcalá. Desde entonces ha sido operada en dos ocasiones
de su cadera izquierda, motivo por el cual arrastra una leve cojera. Su talante
iracundo y la osadía de la que hace gala son debidas, según ella, a que es
nieta de una abuela anarquista y a la hepatomegalia que sufrió en la
adolescencia producto, a su vez, de una temprana afición a los destilados. Fue,
precisamente, en esa época cuando adoptó el sobrenombre con el que hoy la
conocemos, sustituyendo su cresta punkie
por una sudadera con capucha de color rojo que lleva impresas las iniciales  K.K.  Su
periplo en el mundo de las letras se ha visto avalado por la obtención de
numerosos premios y reconocimientos en periodismo y literatura. En la
actualidad sólo pone su pluma al servicio del diario “Veneno” y colabora como
crítica de espectáculos en la Real Escuela de Arte Dramático de Madrid, lugar
del que suele afirmar,  que se siente
como en casa…

jueves, 12 de junio de 2014

Ejercicio Kantor


Una sábana blanca al fondo del escenario. En la sábana se proyectan las sombras de manos. Las sombras son imprecisas no se definen. En ocasiones, esas sombras parecen palomas revoloteando cerca del foco, como si alguien las hubiese atado por la pata.

Por la escalera de caracol sube una mujer. Viste una vestido de flores. Lleva el pelo recogido en el cogote y se ha pasado buena parte de la mañana definiendo los bucles que luce en las sienes. Ella, sube lentamente por la escalera portando una cesta de mimbre. De la cesta asoman los tallos de unas cebollas que nos miran. De tan despacio que va, la mujer, parece que no se mueve.

En lo alto de la escalera un hombre.

HOMBRE. Huele a pescado.

El hombre viste con un traje de chaqueta oscuro y camisa blanca. Está sucio, los pies embarrados, suda.

HOMBRE.— Ha llegado la vecina.

El hombre, desde su lugar, se quita la chaqueta y se la tira a la mujer. Afortunadamente, para los bucles, el hombre yerra el tiro. La chaqueta en el suelo, ambos la miran unos instantes. La mujer sigue subiendo por la escalera. La chaqueta vuela y se posa en los hombros de la mujer.

Un niño y una niña aparecen al pie de la escalera. La mujer se detiene y los mira. Desde la distancia los abraza, de manera que la mujer se queda abrazando el vacío. Los niños intentan subir la escalera pero no pueden. El primer escalón es demasiado alto para ellos. La escalera se mueve lentamente, la mujer no se tambalea, controla el espacio.

NIÑO.— ¿Me das una peseta?
NIÑA.— ¿Y a mí?

La escalera se escora hacia los lados y la mujer sonríe. La mujer les lanza una manzana. Durante el vuelo de la manzana el tiempo se detiene. Uno, dos o tres minutos tarda la manzana en llegar a las manos del niño.

NIÑO.— Una peseta te he dicho.
MUJER.— ¡Silencio! No oigo a vuestro padre.

El niño sube por la escalera escorada.

NIÑO.— ¿Qué pasaría si se me cayesen las orejas?
MUJER.— Te pondría otras.
NIÑOS.— ¿Qué pasaría si se cayese el techo? ¿Qué pasaría si se cayese mientras dormimos? ¿Eh, mamá? ¿Se puede caer el techo?
MUJER.— No se caerá el techo. ¿Cómo se va a caer?

La niña llora al pie de la escalera.

MUJER.— ¿Qué tienes? ¿No te gusta la manzana?
NIÑA.— No me gustan los gritos.
MUJER.— La próxima vez nos enfadaremos en silencio.
NIÑA.— Quiero que me des un abrazo.
MUJER.— Ahora no puedo, renacuaja.
NIÑA.— Te echo de menos.
MUJER.— Eres muy mayor.
NIÑA.— ¡Baja!
MUJER.— Estoy subiendo. Voy a ver a tu padre.
NIÑA.— Pues subo yo.
MUJER.— Quédate con tus hermanos.
NIÑA.— Yo también quiero ver a papá.
MUJER.— Papá está arriba. Tienes que ir a comprar el pan para tus hermanos.
NIÑA.— Me gustaba más cómo cocinabas tú.
MUJER.— Besos, besos, besos.
NIÑA.— No quiero ser mayor. Y tú, ¿no vuelves?
NIÑO.— Me tengo que quedar con mamá. Cuando llegues a casa yo no estaré.
MUJER.— Besos, besos, besos.
NIÑO.— Besos, besos, besos.

La mujer y el niño terminan de subir la escalera. El hombre observa a la niña. Los tres salen de escena. La sábana del fondo cae pero no cubre a la niña. La niña coge una punta de la sábana y sale de escena arrastrándola.


PASADIZO A OSCURAS (TEXTO AL ESTILO DE TADEUS KANTOR)
Luciano Muriel

Un eterno pasillo invadido por la penumbra. Por más que se aguze el sentido de la vista, es imposible alcanzar a ver el final. En uno de los extremos, una madre cirga y su hijo el cual tiene una edad mental de doce años esperan para pasar.

MADRE: No tardaré mucho.
HIJO: No te harán daño, ¿verdad?
MADRE: Tranquilo. Es una prueba muy sencilla. Ningún médico puede hacerte daño en los ojos. Todo lo contrario.
HIJO: ¿Y si te los sacan?
MADRE: ¿Cómo iban a hacer eso?
HIJO: No sé…

Silencio.

HIJO: Nunca sé.
MADRE: Claro que sabes. ¿Sigues con la tontería de ser…?
HIJO: ¿De ser tonto?
MADRE: Sí.
HIJO: A veces se me olvida.
MADRE: Eso es porque no es importante. A mí a veces también se me olvida que no veo.
HIJO: ¿Cómo no va a ser eso importante?
MADRE: Nos hemos acostumbrado los dos, ¿te das cuenta?
HIJO: No sé. Nunca sé.

El hijo acaricia los párpados de la madre.

HIJO: Echo de menos los días en que me mirabas.
MADRE: Pero sigo aquí.
HIJO: Pero no me ves.
MADRE: ¿No eres capaz de conformarte?
Silencio.
HIJO: ¿Qué te harán allí dentro?
MADRE: Ya te lo he dicho. Me pondrán unos aparatos para ver si puedo curarme.
HIJO: No dolerá, entonces…
MADRE: No.

Silencio.

HIJO: Creo que me hice tonto cuando…
MADRE: (Lo corta) Tú no eres tonto.
HIJO: Creo que me hice tonto cuando dejaste de mirarme. Desde entonces siento que no sé pensar igual.
MADRE: Tú eres mis ojos, cariño. Puedo ver a través de ti. Eso no es de ser tonto.
HIJO: Los ojos no pueden pensar.
MADRE: Tú sí.
HIJO: ¿Qué harás cuando yo no esté?
MADRE: Siempre estarás.
HIJO: Mamá. Creo que no siempre estaré.
MADRE: Hijo…
HIJO: Déjame terminar. Aunque sea por una vez.

Silencio.

HIJO: Me marcho.
MADRE: No puedes dejarme sola.
HIJO: ¿Qué importa? Ese pasillo está demasiado oscuro. Ni siquiera yo podría guiarte por él.
MADRE: Necesito que me acompañes.

El hijo niega con la cabeza, pero su madre no puede verlo.

HIJO: Creo que me hice tonto cuando dejaste de mirarme. Cuando tus ojos se secaron y pusieron en los míos las lágrimas de los dos.
MADRE: Cariño, pero yo soy tu madre.
HIJO: Me has dicho que no dolerá. Si nada te va a hacer llorar ahí dentro no me necesitas.

El hijo besa los párpados de su madre.

HIJO: Nos podremos volver a acostumbrar.
MADRE: ¿Cómo se puede abandonar a la mujer que te dio la vida?
HIJO: Voy a ser listo, mamá. Ya lo verás.
MADRE: Nadie me va a guiar como tú.

El hijo se marcha en el sentido contrario, arrastrando una pierna la cual parece putrefacta y completamente inerte. El movimiento es grotesco y torpe.

jueves, 29 de mayo de 2014

TIEMPO ESTIMADO: PRESENTE. - DESTINO: MORIR, por Jana Pacheco

TIEMPO ESTIMADO: PRESENTE

DESTINO:  M O R I R


 Jana Pacheco


(El escenario oscuro agrieta el tiempo estimado)

Pantalones pasean amontonados sobre el andén de hormigón mojado,  mientras zapatos  roídos quedan atrapados en la masa glutinosa.

Cajas de cartón avanzan lentamente. Vagones unidos por una cuerda son arrastrados por un babi infantil de cuadros azules y blancos. Las mangas sujetan la soga con fuerza. No dejarán que el tren descarrile.  

(Zambullirse en los ojos del babi inquieto para enumerar el tiempo del vapor, de la máquina, del recuerdo)

Los pantalones se observan unos a otros, contemplan sus despedidas. En los vagones, esperan encontrar cristales que reflejen memorias. Quieren saludar, despedirse, pero no pueden. Sus dobladillos zurcidos se estiran en un último intento.

El babi tira, tira… La cuerda se mueve lentamente, gusanea en exceso, corre peligro de llegar a su destino: romperse, descarrilar.

-        “Reclamos de la muerte encerrados en cajas de cartón” grita una gorra de traje azul marino.
Los pantalones se retuercen. El marrón gastado se anuda al militar verde:

-         ¿Dónde va usted? (Grita el pantalón gastado)
-         Viajo al pasado (Grita el militar verde)
-         ¿No buscará usted fantasmas?
-         Busco un espejo de cualidades humanas.
-         Hendiduras.
-        ¿Existe usted?
-         Lo ignoro
-         Entonces quédese en el presente. Ese vagón carga antorchas, velatorios.
-        ¿Se dirigen hacia la muerte?
-        Hay quienes no puede vivir fuera de ella.

(Sonido de cartón desgastado, pliegue sobre pliegue. Silencios en cadena. Cadencia,  movimiento)

La gorra azul marino roba el cabo suelto al babi. Las mangas se estiran para atraparlo de nuevo.  ¡Sacudida! Suena la campana y las cajas se desdoblan. Desfilan siluetas. Un mapa mudo envuelve la escena. La geografía del recuerdo completa el círculo vital. El babi azul recupera la cuerda. Mapas.

-Tira, tira… 

Intentos de recomponer el movimiento, la maquinaria, el cartón, la infancia, el trineo.

 (Si no podemos tirar, deberíamos deslizarnos)

 El babi azul reconduce el tiempo, la cadencia. Los zapatos atrapados en el cemento gritan:

- ¡Caminos! ¡Vías! ¡Calzadas! ¡Desgarro! ¡Rotura! ¡Completar! ¡Finalizar! ¡Rematar!-

Los pantalones retorcidos susurran. -A V A N Z A R-

El babi azul se esconde. Los zapatos enclaustrados recuerdan:

        DESTINO: MORIR


         PRESENTE: TIEMPO ESTIMADO

miércoles, 28 de mayo de 2014

PROHIBIDO FUMAR


Prohibido fumar

Lola G. Otero

 

PRIMER TIEMPO

Sala de espera de un hospital privado, tres hombres.  Uno de ellos toca con sus dedos la pared tratando de contar las arrugas del gotelé y toma notas en un cuadernillo. Parece muy interesado en descubrir la relación entre las diversas arrugas de la pared y la distancia entre ellas. Divide mentalmente el plano en cuadrículas que determina con una escuadra y un cartabón

El segundo hombre lee el Marca. De vez en cuando exclama - ¡GOOOOOL! – Momento que aprovecha el primero para santiguarse y tocar, acto seguido, sus genitales para comprobar que siguen en el mismo sitio. Luego saca el móvil y le susurra - ¡Te quiero! – Lo vuelve a guardar. Así varias veces

El tercer hombre mira por la ventana y llora.

Entra una mujer. Silenciosa. No mira a nadie y se sienta muy recatada, con las manos en las rodillas. Nadie la mira a ella. Suspira.

Una enfermera sentada en un taburete alto, junto a un GONG, consulta un tablet y sonríe sin mirar a nadie.

Se escucha de fondo a Luis Eduardo Aute cantando “Una de dos”.

En determinado momento la mujer dice mirando al frente: - ¡Es tuyo! – Los hombres se acercan a ella, la acosan, gesticulan mientras hablan.

HOMBRE 1¡No puede ser, atendiendo al instante preciso puedo asegurar que me hallaba en otro sitio!

HOMBRE 2 – ¡Es imposible!  ¡Sea como sea no se me parece!  ¡Los míos son míos!  Ese no. Sin lugar a dudas ¡No!

HOMBRE 3Yo no hubiera podido, no hubiera podido… Siempre he querido pero sé que no puedo, no puedo… ¡soy un unicornio!

La enfermera saca una escopeta de cañones recortados y dispara al aire. Todos callan y vuelven a su actividad. La mujer cambia de asiento pero permanece en idéntica actitud.

La enfermera recita mirando el tablet: - Los últimos descubrimientos genéticos y los trabajos realizados en la primera parte del proyecto “genoma humano” poseen serias implicaciones bioéticas, y a su vez repercusiones económicas, sociales y culturales. Para comprender mejor estos aspectos, hemos pretendido hacer una síntesis de dichos elementos, que deben ser conocidos por la sociedad, la cual está implicada de modo directo con esos hallazgos y posibilidades.  Los hallazgos del proyecto genoma, las posibilidades y límites de la terapia génica, así como las implicaciones éticas del screening genético y la responsabilidad social frente a este conocimiento, son algunos de los temas examinados por nuestro padre Dios, la Ciencia.

Los tres hombres a la vez - Amén.

 

SEGUNDO TIEMPO

 

Entran 3 camareros vestidos de blanco y con paso militar, se sitúan en fila, en primer término; Queda en el centro el que lleva una bandeja cubierta con una campana metálica, la descubre, aparece un recién nacido minúsculo, prematuro envuelto en una mantita blanca. El camarero lo coge con una sola mano extendida hacia el público y deja la bandeja, los otros camareros le rodean a distancia prudencial.

El primer camarero lanza el bebé al aire, todos tratan de apoderarse de él,  es un partido de baloncesto. Los tres hombres entran en el juego. Se marcan entre ellos. El bebé cae al suelo varias veces, pero siempre hay alguien que se apodera de él.

La mujer silenciosa se ha levantado y ha empezado a quitarse la ropa.

Finalmente uno de los camareros hace un mate en la papelera y se abraza a los de su equipo que le vitorean. El bebé queda dentro. Los tres hombres fastidiados se retiran a un lateral y hacen piña. Se escucha maullar a un gato en celo.

La mujer desnuda se dirige a la enfermera y le ofrece un pecho. La enfermera la coge de la cintura y mama con delectación.

La mujer desnuda mira al frente y susurra: - ¡Era niña!

 

 

 

 

 

 

PROHIBIDO FUMAR


Prohibido fumar

Lola G. Otero

 

PRIMER TIEMPO

Sala de espera de un hospital privado, tres hombres.  Uno de ellos toca con sus dedos la pared tratando de contar las arrugas del gotelé y toma notas en un cuadernillo. Parece muy interesado en descubrir la relación entre las diversas arrugas de la pared y la distancia entre ellas. Divide mentalmente el plano en cuadrículas que determina con una escuadra y un cartabón

El segundo hombre lee el Marca. De vez en cuando exclama - ¡GOOOOOL! – Momento que aprovecha el primero para santiguarse y tocar, acto seguido, sus genitales para comprobar que siguen en el mismo sitio. Luego saca el móvil y le susurra - ¡Te quiero! – Lo vuelve a guardar. Así varias veces

El tercer hombre mira por la ventana y llora.

Entra una mujer. Silenciosa. No mira a nadie y se sienta muy recatada, con las manos en las rodillas. Nadie la mira a ella. Suspira.

Una enfermera sentada en un taburete alto, junto a un GONG, consulta un tablet y sonríe sin mirar a nadie.

Se escucha de fondo a Luis Eduardo Aute cantando “Una de dos”.

En determinado momento la mujer dice mirando al frente: - ¡Es tuyo! – Los hombres se acercan a ella, la acosan, gesticulan mientras hablan.

HOMBRE 1¡No puede ser, atendiendo al instante preciso puedo asegurar que me hallaba en otro sitio!

HOMBRE 2 – ¡Es imposible!  ¡Sea como sea no se me parece!  ¡Los míos son míos!  Ese no. Sin lugar a dudas ¡No!

HOMBRE 3Yo no hubiera podido, no hubiera podido… Siempre he querido pero sé que no puedo, no puedo… ¡soy un unicornio!

La enfermera saca una escopeta de cañones recortados y dispara al aire. Todos callan y vuelven a su actividad. La mujer cambia de asiento pero permanece en idéntica actitud.

La enfermera recita mirando el tablet: - Los últimos descubrimientos genéticos y los trabajos realizados en la primera parte del proyecto “genoma humano” poseen serias implicaciones bioéticas, y a su vez repercusiones económicas, sociales y culturales. Para comprender mejor estos aspectos, hemos pretendido hacer una síntesis de dichos elementos, que deben ser conocidos por la sociedad, la cual está implicada de modo directo con esos hallazgos y posibilidades.  Los hallazgos del proyecto genoma, las posibilidades y límites de la terapia génica, así como las implicaciones éticas del screening genético y la responsabilidad social frente a este conocimiento, son algunos de los temas examinados por nuestro padre Dios, la Ciencia.

Los tres hombres a la vez - Amén.

 

SEGUNDO TIEMPO

 

Entran 3 camareros vestidos de blanco y con paso militar, se sitúan en fila, en primer término; Queda en el centro el que lleva una bandeja cubierta con una campana metálica, la descubre, aparece un recién nacido minúsculo, prematuro envuelto en una mantita blanca. El camarero lo coge con una sola mano extendida hacia el público y deja la bandeja, los otros camareros le rodean a distancia prudencial.

El primer camarero lanza el bebé al aire, todos tratan de apoderarse de él,  es un partido de baloncesto. Los tres hombres entran en el juego. Se marcan entre ellos. El bebé cae al suelo varias veces, pero siempre hay alguien que se apodera de él.

La mujer silenciosa se ha levantado y ha empezado a quitarse la ropa.

Finalmente uno de los camareros hace un mate en la papelera y se abraza a los de su equipo que le vitorean. El bebé queda dentro. Los tres hombres fastidiados se retiran a un lateral y hacen piña. Se escucha maullar a un gato en celo.

La mujer desnuda se dirige a la enfermera y le ofrece un pecho. La enfermera la coge de la cintura y mama con delectación.

La mujer desnuda mira al frente y susurra: - ¡Era niña!

 

 

 

 

 

 

Sonoridad Amarilla (Kandinsky)






        

Moholy-Nagy: ¿Cómo deberá ser realizado el teatro de la totalidad?