HOY,
MEDEA
por Paz Palau
por Paz Palau
Edificio
señorial del centro de una gran ciudad. CREONTE es el propietario, dueño y
señor desde el sótano hasta el ático. En el piso 16 vivía una familia bien, MEDEA,
su esposo JASÓN, y sus dos hijos. El último piso, ático de ensueño, está
habitado por la hija de CREONTE, una jovencísima princesita sin oficio ni
beneficio. CREONTE llama al timbre. Le abre MEDEA.
CREONTE. Recoges tus cosas y te vas.
MEDEA. Pero... no entiendo. ¿Por qué? Yo
soy la víctima...
CREONTE. No quiero chismorreos. Este es un
barrio con clase. Y tú eres excéntrica. Te prefiero lejos, no vaya a ser que le
hagas algo a mi princesita ahora que te has quedado a dos velas. Las mujeres
despechadas sois peligrosas. Y me debes un mes de alquiler y esos niños que
tienes son como caniches, todo el día correteando de un lado a otro.
¡Insoportables! Antes de que acabe el día, te quiero fuera. Y los caniches
también.
MEDEA. ¿Cómo...? ¿Cómo puedes desconfiar de
mí de esa manera? Siempre me he portado bien contigo, y por favor, no es a tu
encantadora hija a quien odio, es al cabrón de mi marido, ese sí que merece mi
desprecio. ¿Pero tú? ¿Sabio y elegante Creonte? ¿Tú? Y tu preciosa hija, tú
sólo quieres lo mejor para ella... Por favor, deja que me quede en este bonito
apartamento. No tengo otro sitio a dónde ir...y con dos hijos.
CREONTE. Uhm, no me fío de ti. Las mujeres
sois raras, cuando más enfadadas estáis parecéis sin embargo, más dulces, y
luego...¡Pam! No me vengas ahora con discursitos, te vas y te vas. Mi hija
merece ser feliz. Y si tú no has sabido retener a tu marido...
MEDEA. ¡No! ¡No! Por favor, ¿y a dónde voy
a ir?
CREONTE. No es asunto mío.
MEDEA. ¡Oh, qué desgraciado amor el que
traiciona así todos los pactos...!
CREONTE. ¡Ya me estás cansando! Vete,
insensata.
MEDEA. ¡Otros son los insensatos!
CREONTE. No me obligues a llamar a
seguridad. Sería desagradable incluso para mí, que soy un hombre con dudosos
principios.
MEDEA. Me voy, me voy. Pero sólo te
pido...Déjame un día más. Para poder recoger mis cosas, organizarme un poco
puesto que la desgracia se cierne sobre mí.
CREONTE. ¡Oh, vaya labia tienes! ¡Vale! Un
día. Si mañana te veo por aquí...
(MEDEA
abraza a CREONTE.) ¡Ah! (CREONTE
se marcha sin decir nada más. MEDEA cierra la puerta de su casa y reflexiona.
Coge el teléfono. Conversación de monosílabos con un abogado. Han quedado
después.)
MEDEA. De todas
las criaturas que tienen mente y alma no hay especie más mísera que la de las
mujeres. Estoy cansada de esa ley impuesta: las mujeres en casa, tranquilas y
solícitas. ¿Y ellos? Ellos combatiendo con el mundo... su lanza es su bien más
preciado. Ya me gustaría a mí, salir por ahí de cacería en lugar de tener que
vigilar el fuerte. Pero esta vez es demasiado. Esta vez... (Entra JASÓN.)
JASÓN. ¿Estabas hablando
sola?
MEDEA. A ti, como si hablo
con el aire. ¿Qué haces aquí? Tú ya no vives en esta casa.
JASÓN. Estaba preocupado
por ti, Medea, fierecilla. No quiero que ni tú ni mis hijos viváis en la
indigencia. Sé que me odias... yo no quiero que seamos enemigos.
MEDEA. ¡Oh, qué admirable y
fiel, pobre de mí, es mi esposo! El padre de tu novia me echa de esta casa, con
mis hijos...Y tú te preocupas de que me vuelva una mendiga loca y que vague por
ahí...¡Yo que te salvé del anonimato! ¡Yo que te lo di todo! ¡Y encima te casas
con esa estúpida que no sabe vocalizar!
JASÓN. En esa salvación
también tú sacaste tajada. Mi carrera de actor se impulsó gracias a ti, es
verdad, pero el resto del trabajo lo hice solo. Mis interpretaciones engordaron
tus palabras... Además, tu pluma ya no es lo que era. Y por lo visto, de las
rentas ya no puedes vivir. (Pausa.) Me
caso porque es lo que conviene. Y quiero seguir siendo amigo tuyo y poder ver a
mis hijos de vez en cuando. ¿Qué golpe de fortuna pude hallar mejor, yo, un
actor en proyección, con la hija del productor más influyente de la ciudad? Yo
no te odio, ni odiaba nuestras noches, y más hijos no pienso tener. Pero había
que hacer algo, las deudas, mi carrera... Esta solución nos beneficia a todos, sobre
todo a los niños. ¿Es malo esto? Tú misma lo aceptarías si no te irritase
pensar en la cama, en que ella es más joven...
MEDEA. Creo que voy a sufrir
un colapso... (Coge una cerveza de la
nevera. Y se la bebe casi de un trago.)
JASÓN. Yo también quiero
una.
MEDEA. ¡Pues te la coges
tú!
JASÓN. ¡Ah! Los hombres
deberían tener otra manera de tener hijos sin necesitar a las mujeres. Así
estaríamos a salvo.
MEDEA. La naturaleza se
pone de nuestra parte a ese respecto. Pero...¿no te das cuenta de lo que estás
haciendo conmigo? ¿Es posible que seas tan mezquino?
JASÓN. Todo esto lo hago
por el bien de los niños... y por ti. ¡No estás siendo razonable!
MEDEA. ¡Me estás
insultando, Jasón! ¡Y eres tan estúpido que ni siquiera te das cuenta! Bien, insúltame. Tú te quedarás en el ático
con la princesa complaciente, mientras tus hijos y yo nos quedamos en la
calle...
JASÓN. No quiero discutir
más. Si quieres, yo puedo prestarte dinero para que empieces una nueva vida...Y
ahora me voy.
MEDEA. Eso, vete. Que ya
llevas mucho tiempo fuera de casa, y tu novia debe de estar haciendo más
abdominales de la cuenta... ¡Y no quiero tu dinero! ¡No lo necesito!
JASÓN se marcha y al salir deja la puerta medio
abierta. MEDEA coge otra cerveza y pone un disco de Janis Joplin. Canta y baila
en el salón. Llaman al timbre pero ella no lo oye. Entra EGEO, un guapo abogado
que se queda embobado mirándola. Por fin, MEDEA repara en su presencia y lejos
de interrumpir su momento de distensión, le baila al abogado hasta que acaba la
canción.
MEDEA. ¿Una cerveza?
EGEO. No, gracias. Oh, bueno...
¿Por qué no? (MEDEA le trae una. Se la da
de un modo sensual, como si quisiera ligar con él, pero es sutil, sabe cómo
hacerlo.)
EGEO. Yo venía, en
realidad, ... la demanda por traición conyugal.
MEDEA. Sí. Exacto. Mi
marido me ha dejado por una más joven, más tonta y con más dinero. Ah, y con un
padre productor y dueño de este edificio. Mi marido es actor, bueno, más o
menos. Ahora, Creonte, que es como se llama el déspota, me quiere echar del
edificio porque le molesta tener cerca a mujeres repudiadas y porque cree, vaya
usted a saber por qué, que puedo hacerle algo a su hija. Y yo me voy a quedar
en la calle con mi hijos... (Pausa.)
Y usted, ¿tiene hijos?
EGEO. Me temo que no.
MEDEA. ¿Está casado?
EGEO. Ya no. Mi mujer me
dejó precisamente por eso.
MEDEA. ¿Por qué?
EGEO. No puedo tener hijos.
MEDEA. Si quiere podemos
compartir los míos...
EGEO. Lo cierto es que es
usted magnética...
MEDEA. He notado cómo me
miraba...cuando bailaba...
EGEO. Ha sido fantástico.
MEDEA. ¿Egeo?
EGEO. ¿Qué?
MEDEA. ¡Ayúdame!
EGEO. ¿Cómo?
MEDEA. Dame cobijo en tu
casa. Hasta que vuelva a recuperar mi independencia como mujer autosuficiente
que soy. Podrías disfrutar de mis hijos...ensayar... ver si podrías ser un buen
padre...
EGEO. Esto es ciertamente
repentino. Pero mi vida es tan anodina que tengo que aprovechar esta
excentricidad que me brinda el destino. ¡Acepto!
MEDEA. Perfecto. ¡Niños! No
tengo mucho tiempo. Antes de irme contigo debo hacer algunas cosas. ¿Te importa
llevarte ahora a mis hijos? No quiero que sufran más en este desagradable
litigio. Mañana me reuniré contigo.
EGEO. ¡Por Tierra y la
brillante luz del Sol te juro que te haré feliz! Eres una mujer apasionada y tu
mirada promete aventuras y una vida nueva.
Aparecen
los hijos de MEDEA.
MEDEA. Niños, os vais con este hombre tan
atractivo. Él será un ensayo de vuestro nuevo padre. Está en fase de prueba. El
otro me ha salido rana. ¡Qué se le va hacer! Portaos bien. Mañana nos
reuniremos todos otra vez. Adiós, Egeo, querido.
Se
marcha EGEO con los niños. Dos arañitas que viven en una esquina de la casa
comentan los acontecimientos.
ARI. ¡Qué guapo el abogado!
ADNA. Mucho más que el otro que estaba
echando barriga...y además, irse con esa boba...aunque bueno, es la hija del
jefe. Jasón no es tonto pero...
ARI. Mira a Medea, ¿y ahora se pone a
cocinar?
ADNA. Seguro que está tramando algo.
ARI. Sí, sí...parece que está tramando un
pastel. ¡Esta mujer es tan imprevisible!
ADNA. Yo no me fío. Es retorcida. Parece
que tenga un plan. ¿Por qué no se ha ido con el abogado?
ARI. ¡Con lo guapo que es!
MEDEA
habla sola mientras prepara su pastel.
MEDEA. Y dentro de un ratito, cuando esté
bien horneado. Le llevaré este manjar personalmente a la novia de mi maridito.
Le diré que he recapacitado y que quiero demostrarle mi arrepentimiento...
ADNA. ¡La va a envenenar!
ARI. ¡Calla! A ver qué dice...
MEDEA. (Prueba
la masa.) ¡Oh, parece que le falta algo... (Saca un sobre y vuelca unos polvillos.) Eso es. Mucho mejor así. (Lo mete en el horno.)
ARI. ¡La va a envenenar!
ADNA. ¡Qué mujer!
ARI. Pues a mí me parece bien. Medea no se
merecía esa traición. Jasón no era nadie antes de conocerla.
ADNA. ¡Bueno! Eso no tiene nada que ver, tú
tampoco eras nadie antes de conocerme a mí.
ARI. ¿Qué? ¿A qué viene eso?
ADNA. Es la verdad. Yo te enseñé a tejer, a
moldear el hilo con figuras octogonales, tus telas eran incómodas...
ARI. ¿Por qué me dices eso?
ADNA. Pues ya que sacas el tema, te lo
diré. Quiero que te vayas de mi tela. Necesito estar un tiempo sola. Volver a
tejer, cazar a algún incauto... Creo que nos vendrá bien a las dos. Pasamos
demasiado tiempo juntas. ¡Me asfixio!
ARI. Pero me prometiste que nunca me
echarías de tu tela. La construimos entre las dos. También es mi tela. No
pienso irme.
ADNA. Pues me iré yo. Tejo mucho mejor que
tú. Tendré una tela nueva enseguida, con hilos novedosos y formas
sorprendentes. Adiós, Ari.
ARI. ¡No, no te vayas!
ADNA. ¡Me voy!
ARI. Yo tampoco quiero quedarme aquí si no
estás tú. (Comienza a morder los hilos.)
ADNA. ¿Qué haces, loca? Deja eso.
Las
dos arañitas discuten y acaban deslizándose por un hilo. MEDEA se percata de su
presencia y con una revista se las carga a las dos. Suena el timbre del horno.
El pastel está listo y la venganza, servida.
FIN
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