miércoles, 29 de enero de 2014

PARTIR DE UN MITO





HOY, MEDEA

por Paz Palau


Edificio señorial del centro de una gran ciudad. CREONTE es el propietario, dueño y señor desde el sótano hasta el ático. En el piso 16 vivía una familia bien, MEDEA, su esposo JASÓN, y sus dos hijos. El último piso, ático de ensueño, está habitado por la hija de CREONTE, una jovencísima princesita sin oficio ni beneficio. CREONTE llama al timbre. Le abre MEDEA.

CREONTE. Recoges tus cosas y te vas.
MEDEA. Pero... no entiendo. ¿Por qué? Yo soy la víctima...
CREONTE. No quiero chismorreos. Este es un barrio con clase. Y tú eres excéntrica. Te prefiero lejos, no vaya a ser que le hagas algo a mi princesita ahora que te has quedado a dos velas. Las mujeres despechadas sois peligrosas. Y me debes un mes de alquiler y esos niños que tienes son como caniches, todo el día correteando de un lado a otro. ¡Insoportables! Antes de que acabe el día, te quiero fuera. Y los caniches también.
MEDEA. ¿Cómo...? ¿Cómo puedes desconfiar de mí de esa manera? Siempre me he portado bien contigo, y por favor, no es a tu encantadora hija a quien odio, es al cabrón de mi marido, ese sí que merece mi desprecio. ¿Pero tú? ¿Sabio y elegante Creonte? ¿Tú? Y tu preciosa hija, tú sólo quieres lo mejor para ella... Por favor, deja que me quede en este bonito apartamento. No tengo otro sitio a dónde ir...y con dos hijos.
CREONTE. Uhm, no me fío de ti. Las mujeres sois raras, cuando más enfadadas estáis parecéis sin embargo, más dulces, y luego...¡Pam! No me vengas ahora con discursitos, te vas y te vas. Mi hija merece ser feliz. Y si tú no has sabido retener a tu marido...
MEDEA. ¡No! ¡No! Por favor, ¿y a dónde voy a ir?
CREONTE. No es asunto mío.
MEDEA. ¡Oh, qué desgraciado amor el que traiciona así todos los pactos...!
CREONTE. ¡Ya me estás cansando! Vete, insensata.
MEDEA. ¡Otros son los insensatos!
CREONTE. No me obligues a llamar a seguridad. Sería desagradable incluso para mí, que soy un hombre con dudosos principios.
MEDEA. Me voy, me voy. Pero sólo te pido...Déjame un día más. Para poder recoger mis cosas, organizarme un poco puesto que la desgracia se cierne sobre mí.
CREONTE. ¡Oh, vaya labia tienes! ¡Vale! Un día. Si mañana te veo por aquí...
(MEDEA abraza a CREONTE.) ¡Ah! (CREONTE se marcha sin decir nada más. MEDEA cierra la puerta de su casa y reflexiona. Coge el teléfono. Conversación de monosílabos con un abogado. Han quedado después.)
MEDEA. De todas las criaturas que tienen mente y alma no hay especie más mísera que la de las mujeres. Estoy cansada de esa ley impuesta: las mujeres en casa, tranquilas y solícitas. ¿Y ellos? Ellos combatiendo con el mundo... su lanza es su bien más preciado. Ya me gustaría a mí, salir por ahí de cacería en lugar de tener que vigilar el fuerte. Pero esta vez es demasiado. Esta vez... (Entra JASÓN.)
JASÓN. ¿Estabas hablando sola?
MEDEA. A ti, como si hablo con el aire. ¿Qué haces aquí? Tú ya no vives en esta casa.
JASÓN. Estaba preocupado por ti, Medea, fierecilla. No quiero que ni tú ni mis hijos viváis en la indigencia. Sé que me odias... yo no quiero que seamos enemigos.
MEDEA. ¡Oh, qué admirable y fiel, pobre de mí, es mi esposo! El padre de tu novia me echa de esta casa, con mis hijos...Y tú te preocupas de que me vuelva una mendiga loca y que vague por ahí...¡Yo que te salvé del anonimato! ¡Yo que te lo di todo! ¡Y encima te casas con esa estúpida que no sabe vocalizar!
JASÓN. En esa salvación también tú sacaste tajada. Mi carrera de actor se impulsó gracias a ti, es verdad, pero el resto del trabajo lo hice solo. Mis interpretaciones engordaron tus palabras... Además, tu pluma ya no es lo que era. Y por lo visto, de las rentas ya no puedes vivir. (Pausa.) Me caso porque es lo que conviene. Y quiero seguir siendo amigo tuyo y poder ver a mis hijos de vez en cuando. ¿Qué golpe de fortuna pude hallar mejor, yo, un actor en proyección, con la hija del productor más influyente de la ciudad? Yo no te odio, ni odiaba nuestras noches, y más hijos no pienso tener. Pero había que hacer algo, las deudas, mi carrera... Esta solución nos beneficia a todos, sobre todo a los niños. ¿Es malo esto? Tú misma lo aceptarías si no te irritase pensar en la cama, en que ella es más joven...
MEDEA. Creo que voy a sufrir un colapso... (Coge una cerveza de la nevera. Y se la bebe casi de un trago.)
JASÓN. Yo también quiero una.
MEDEA. ¡Pues te la coges tú!
JASÓN. ¡Ah! Los hombres deberían tener otra manera de tener hijos sin necesitar a las mujeres. Así estaríamos a salvo.
MEDEA. La naturaleza se pone de nuestra parte a ese respecto. Pero...¿no te das cuenta de lo que estás haciendo conmigo? ¿Es posible que seas tan mezquino?
JASÓN. Todo esto lo hago por el bien de los niños... y por ti. ¡No estás siendo razonable!
MEDEA. ¡Me estás insultando, Jasón! ¡Y eres tan estúpido que ni siquiera te das cuenta!  Bien, insúltame. Tú te quedarás en el ático con la princesa complaciente, mientras tus hijos y yo nos quedamos en la calle...
JASÓN. No quiero discutir más. Si quieres, yo puedo prestarte dinero para que empieces una nueva vida...Y ahora me voy.
MEDEA. Eso, vete. Que ya llevas mucho tiempo fuera de casa, y tu novia debe de estar haciendo más abdominales de la cuenta... ¡Y no quiero tu dinero! ¡No lo necesito!

JASÓN se marcha y al salir deja la puerta medio abierta. MEDEA coge otra cerveza y pone un disco de Janis Joplin. Canta y baila en el salón. Llaman al timbre pero ella no lo oye. Entra EGEO, un guapo abogado que se queda embobado mirándola. Por fin, MEDEA repara en su presencia y lejos de interrumpir su momento de distensión, le baila al abogado hasta que acaba la canción.

MEDEA. ¿Una cerveza?
EGEO. No, gracias. Oh, bueno... ¿Por qué no? (MEDEA le trae una. Se la da de un modo sensual, como si quisiera ligar con él, pero es sutil, sabe cómo hacerlo.)
EGEO. Yo venía, en realidad, ... la demanda por traición conyugal.
MEDEA. Sí. Exacto. Mi marido me ha dejado por una más joven, más tonta y con más dinero. Ah, y con un padre productor y dueño de este edificio. Mi marido es actor, bueno, más o menos. Ahora, Creonte, que es como se llama el déspota, me quiere echar del edificio porque le molesta tener cerca a mujeres repudiadas y porque cree, vaya usted a saber por qué, que puedo hacerle algo a su hija. Y yo me voy a quedar en la calle con mi hijos... (Pausa.) Y usted, ¿tiene hijos?
EGEO. Me temo que no.
MEDEA. ¿Está casado?
EGEO. Ya no. Mi mujer me dejó precisamente por eso.
MEDEA. ¿Por qué?
EGEO. No puedo tener hijos.
MEDEA. Si quiere podemos compartir los míos...
EGEO. Lo cierto es que es usted magnética...
MEDEA. He notado cómo me miraba...cuando bailaba...
EGEO. Ha sido fantástico.
MEDEA. ¿Egeo?
EGEO. ¿Qué?
MEDEA. ¡Ayúdame!
EGEO. ¿Cómo?
MEDEA. Dame cobijo en tu casa. Hasta que vuelva a recuperar mi independencia como mujer autosuficiente que soy. Podrías disfrutar de mis hijos...ensayar... ver si podrías ser un buen padre...
EGEO. Esto es ciertamente repentino. Pero mi vida es tan anodina que tengo que aprovechar esta excentricidad que me brinda el destino. ¡Acepto!
MEDEA. Perfecto. ¡Niños! No tengo mucho tiempo. Antes de irme contigo debo hacer algunas cosas. ¿Te importa llevarte ahora a mis hijos? No quiero que sufran más en este desagradable litigio. Mañana me reuniré contigo.
EGEO. ¡Por Tierra y la brillante luz del Sol te juro que te haré feliz! Eres una mujer apasionada y tu mirada promete aventuras y una vida nueva.

Aparecen los hijos de MEDEA.

MEDEA. Niños, os vais con este hombre tan atractivo. Él será un ensayo de vuestro nuevo padre. Está en fase de prueba. El otro me ha salido rana. ¡Qué se le va hacer! Portaos bien. Mañana nos reuniremos todos otra vez. Adiós, Egeo, querido. 
Se marcha EGEO con los niños. Dos arañitas que viven en una esquina de la casa comentan los acontecimientos.

ARI. ¡Qué guapo el abogado!
ADNA. Mucho más que el otro que estaba echando barriga...y además, irse con esa boba...aunque bueno, es la hija del jefe. Jasón no es tonto pero...
ARI. Mira a Medea, ¿y ahora se pone a cocinar?
ADNA. Seguro que está tramando algo.
ARI. Sí, sí...parece que está tramando un pastel. ¡Esta mujer es tan imprevisible!
ADNA. Yo no me fío. Es retorcida. Parece que tenga un plan. ¿Por qué no se ha ido con el abogado?
ARI. ¡Con lo guapo que es!

MEDEA habla sola mientras prepara su pastel.

MEDEA. Y dentro de un ratito, cuando esté bien horneado. Le llevaré este manjar personalmente a la novia de mi maridito. Le diré que he recapacitado y que quiero demostrarle mi arrepentimiento...
ADNA. ¡La va a envenenar!
ARI. ¡Calla! A ver qué dice...
MEDEA. (Prueba la masa.) ¡Oh, parece que le falta algo... (Saca un sobre y vuelca unos polvillos.) Eso es. Mucho mejor así. (Lo mete en el horno.)
ARI. ¡La va a envenenar!
ADNA. ¡Qué mujer!
ARI. Pues a mí me parece bien. Medea no se merecía esa traición. Jasón no era nadie antes de conocerla.
ADNA. ¡Bueno! Eso no tiene nada que ver, tú tampoco eras nadie antes de conocerme a mí.
ARI. ¿Qué? ¿A qué viene eso?
ADNA. Es la verdad. Yo te enseñé a tejer, a moldear el hilo con figuras octogonales, tus telas eran incómodas...
ARI. ¿Por qué me dices eso?
ADNA. Pues ya que sacas el tema, te lo diré. Quiero que te vayas de mi tela. Necesito estar un tiempo sola. Volver a tejer, cazar a algún incauto... Creo que nos vendrá bien a las dos. Pasamos demasiado tiempo juntas. ¡Me asfixio!
ARI. Pero me prometiste que nunca me echarías de tu tela. La construimos entre las dos. También es mi tela. No pienso irme.
ADNA. Pues me iré yo. Tejo mucho mejor que tú. Tendré una tela nueva enseguida, con hilos novedosos y formas sorprendentes. Adiós, Ari.
ARI. ¡No, no te vayas!
ADNA. ¡Me voy!
ARI. Yo tampoco quiero quedarme aquí si no estás tú. (Comienza a morder los hilos.)
ADNA. ¿Qué haces, loca? Deja eso.

Las dos arañitas discuten y acaban deslizándose por un hilo. MEDEA se percata de su presencia y con una revista se las carga a las dos. Suena el timbre del horno. El pastel está listo y la venganza, servida.

FIN

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