LOURDES
ORTIZ, JUSTICIA POÉTICA
por Paz Palau
por Paz Palau
Escribir a partir de un mito es el acicate perfecto
para transgredirlo. Y eso es precisamente lo que Lourdes Ortiz consigue
transformando la historia de la tradición en una ejemplo de modernidad, donde la
vuelta de tuerca se traduce en una suerte de justicia poética. No es casualidad
que su estilo acompañe a una deuda. Deuda que las mujeres tienen con esas
heroínas que, cogidas con grilletes, acaban irremediablemente sufriendo abandonos
o desgracias pertrechadas por otros.
Lourdes Ortiz consigue combinar con
precisión la pasión desmedida de Fedra personaje
mítico, -transportado por razones que nada tiene que ver con la razón- con un punto de vista novedoso, rompedor, en
el que la identificación es posible y pertinente. Con un lenguaje plagado de
imágenes potentísimas y un fuerte lirismo, su obra respira también la
posibilidad del presente. Su Fedra es
más real, está hecha de carne y osadía. Existe.
La libertad creativa despega en su obra, y se
queda así, sobrevolando siempre: un coro reducido a dos personajillos, tratados
con humor irreverente y actual, que dialogan como locutores que observan y
opinan sin tapujos, y lo hacen con un lenguaje coloquial, lleno de diminutivos
y expresiones cercanas.
Una Enona terrenal y realista constantemente
espanta los delirios sexuales de una Fedra compleja y mucho más inteligente que
sus partenaires masculinos. Teseo
atontado por su soberbia, no sabe leer entre las sutiles líneas de su esposa. Y
ésta, aletargada pero valiente le lanza pistas que delatan la torpeza del marido
ausente. Una escena magistral que propone una lectura en diferentes planos y
que denotan en la escritora una habilidad para el juego escénico.
Y aunque su obra parece detenerse en las
palabras, éstas son nutritivas, provocativas, sensuales. Una verdadera pena
tener que descubrir a escritoras como Lourdes desde los márgenes. Reivindico,
desde aquí, la voz de las mujeres, que como en los mitos, acaban sepultadas por
esos Dioses que todo lo pueden.
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