Lloronas
de
Silvana Pérez
Una tapia que termina en lo alto con grandes pinchos. Por detrás
asoma la punta de un ciprés. Es de noche y el viento sopla muy
fuerte. Un NOVIA vestida de blanco y manchada de barro salta la
tapia, su vestido queda enganchado en los pinchos de la tapia. Ella
queda flotando y se desangra lentamente, pues se ha cortado
fatalmente en el cuello durante su salto.
NOVIA.― ¡No!
Se oye una verja cerrarse.
Silencio. Pasos arrastrados. Entra la VIUDA bordeando la tapia,
cabizbaja, no advierte la presencia de la Novia colgante. La Viuda,
ríe.
VIUDA.―
(Ríe)
¡Manuel! (Saca una
petaca del bolsillo y bebe. Ríe más)
¡Manuel! No somos nadie. Malnacido.
NOVIA.―
Señora, perdone, ¿me puede echar una mano?
VIUDA.―
Creo que no voy a llegar hasta ahí arriba. (Se
acerca a ella y resbala con el charquito de sangre).
NOVIA.― ¡Cuidado!
VIUDA.― No se preocupe, en el
negro no se notan las manchas. ¡Llevo demasiado tiempo celebrando su
muerte! (No puede
levantarse de la risa.)
No vaya usted a pensar mal de mí, señora.
NOVIA.― No, pero tenga cuidado
con la sangre. (Alargándole
la mano) Tire de mi
mano, a ver si consigo zafarme.
VIUDA.― Se va a caer usted en
la sangre. (Ríe)
NOVIA.― Las manchas ya me dan
igual.
VIUDA.― Si tiro de usted, va a
caer al suelo. No quiero enlutar de nuevo. (Ríe)
NOVIA.― ¡Vamos! No es tan
alto. ¡Tire de mi mano!
VIUDA.― Es la primera vez que
la veo en este cementerio.
NOVIA.― Sí, es la primera vez.
Tenía que comprobar una cosa.
VIUDA.―
Hay una verja del otro lado, por si tiene que volver. (Ríe
y bebe)
NOVIA.― Lo sé.
VIUDA.― Yo también vengo
siempre a comprobar una cosa. Y está bien muerto. Lo enterramos en
la tierra, a mi Manuel. Mi suegra quería meterlo en un nicho. ¡Ni
hablar! ¡Que se lo coman los bichos! ¡Que le devoren los gusanos!
NOVIA
.― ¡No hable así, señora!
VIUDA.―
(Levantándose del
suelo) Yo hablo de mi
Manuel como me da la gana. ¿Quiere un cigarro?
NOVIA.―
Me vendrá bien.
VIUDA.―
(Enciende un cigarro en
su boca y se lo alcanza de un saltito a la Novia)
Es más fácil que lo olvide todo. Celebre que es usted libre
mientras ese hombre está vivo. Deje de buscarle.
NOVIA.―
Yo no busco a nadie.
VIUDA.―
Míreme usted a mi. (Pausa.
Fuman.) ¿Cuándo es
la boda pues?
NOVIA.―
(Silencio.)
Cuando le encuentre. Como me dijo.
VIUDA.―
¿Aquí le está buscando?
NOVIA.―
¡Bájeme de aquí!
VIUDA.―
No creo que tenga usted mucha prisa. Podría haber utilizado el
camino más rápido.
NOVIA.―
¿Qué camino?
VIUDA.―
La puerta. (Ríe)
NOVIA.―
(Termina su cigarro, lo
tira y se apaga sobre la sangre)
Me dijo que si no volvía a buscarme, fuese por él.
VIUDA.―
¿Al cementerio?
NOVIA.―
Después de tanto tiempo, ¿dónde sino?
VIUDA.―
La misma vieja historia de amor.
NOVIA.―
¿Me regala un trago de aguardiente? (La
Viuda, ahora apoyada en la tapia, alcanza la petaca a la Novia) Él
siempre me contaba de su vida, frente a dos copas de aguardiente.
VIUDA.―
¿Y cuándo le perdió?
NOVIA.―
Se fue en un buque.
VIUDA.―
¿Y cómo se llama?
NOVIA.―
Todos le dicen el negro, pero es rubio como la cerveza.
VIUDA.―
(Lentamente se desliza
por la pared, hasta quedar sentada. De nuevo se mancha con la sangre
que sigue goteando) Entiendo.
NOVIA.―
¿No lo habrá visto usted?
VIUDA.―
Por aquí pasa tanta gente. La memoria. Traiciona.
NOVIA.―
Tome.
La Novia le alcanza la petaca
a la Viuda. La Novia agarra fuertemente a la Viuda de la muñeca.
VIUDA.― ¡Suélteme, malnacida!
NOVIA.― ¡Ayúdeme a bajar de
aquí!
VIUDA.― ¡Nos vamos a matar las
dos!
NOVIA.―
¡Me estoy desangrando! ¡Bájeme! (Consigue
soltarse. La Novia está ahora más cerca del suelo. Silencio.) Tengo
sueño.
VIUDA.― Duerma.
NOVIA.―
(La sangre gotea
ahora más rápido) Estoy
perdiendo a mi familia. Bájeme de aquí, por favor.
VIUDA.― Ya queda poco. ¿Bebe?
NOVIA.― Me pesan mucho las
manos.
VIUDA.―
(Bebe)
¿Qué más quiere?
NOVIA.― Se me cierran los ojos.
VIUDA.― Ciérrelos.
NOVIA.― Ayúdeme.
VIUDA.― En eso estoy.
La Viuda llora ahora
silenciosamente. Llora y llora. Bebe y bebe.
NOVIA.― Me voy. ¿Viene?
VIUDA.― El cielo... por mi
puede esperar.
Cae sobre el suelo la última
gotita de sangre de la Novia. La Viuda la observa. La Viuda llora en
silencio.
VIUDA.― ¡Manuel!
No hay comentarios:
Publicar un comentario