miércoles, 29 de enero de 2014

Lloronas - Ejercicio canciones


Lloronas

de

Silvana Pérez 




Una tapia que termina en lo alto con grandes pinchos. Por detrás asoma la punta de un ciprés. Es de noche y el viento sopla muy fuerte. Un NOVIA vestida de blanco y manchada de barro salta la tapia, su vestido queda enganchado en los pinchos de la tapia. Ella queda flotando y se desangra lentamente, pues se ha cortado fatalmente en el cuello durante su salto.

NOVIA.― ¡No!

Se oye una verja cerrarse. Silencio. Pasos arrastrados. Entra la VIUDA bordeando la tapia, cabizbaja, no advierte la presencia de la Novia colgante. La Viuda, ríe.


VIUDA.― (Ríe) ¡Manuel! (Saca una petaca del bolsillo y bebe. Ríe más) ¡Manuel! No somos nadie. Malnacido.

NOVIA.― Señora, perdone, ¿me puede echar una mano?

VIUDA.― Creo que no voy a llegar hasta ahí arriba. (Se acerca a ella y resbala con el charquito de sangre).

NOVIA.― ¡Cuidado!

VIUDA.― No se preocupe, en el negro no se notan las manchas. ¡Llevo demasiado tiempo celebrando su muerte! (No puede levantarse de la risa.) No vaya usted a pensar mal de mí, señora.

NOVIA.― No, pero tenga cuidado con la sangre. (Alargándole la mano) Tire de mi mano, a ver si consigo zafarme.

VIUDA.― Se va a caer usted en la sangre. (Ríe)

NOVIA.― Las manchas ya me dan igual.

VIUDA.― Si tiro de usted, va a caer al suelo. No quiero enlutar de nuevo. (Ríe)

NOVIA.― ¡Vamos! No es tan alto. ¡Tire de mi mano!

VIUDA.― Es la primera vez que la veo en este cementerio.

NOVIA.― Sí, es la primera vez. Tenía que comprobar una cosa.

VIUDA.― Hay una verja del otro lado, por si tiene que volver. (Ríe y bebe)

NOVIA.― Lo sé.

VIUDA.― Yo también vengo siempre a comprobar una cosa. Y está bien muerto. Lo enterramos en la tierra, a mi Manuel. Mi suegra quería meterlo en un nicho. ¡Ni hablar! ¡Que se lo coman los bichos! ¡Que le devoren los gusanos!

NOVIA .― ¡No hable así, señora!

VIUDA.― (Levantándose del suelo) Yo hablo de mi Manuel como me da la gana. ¿Quiere un cigarro?

NOVIA.― Me vendrá bien.

VIUDA.― (Enciende un cigarro en su boca y se lo alcanza de un saltito a la Novia) Es más fácil que lo olvide todo. Celebre que es usted libre mientras ese hombre está vivo. Deje de buscarle.

NOVIA.― Yo no busco a nadie.

VIUDA.― Míreme usted a mi. (Pausa. Fuman.) ¿Cuándo es la boda pues?

NOVIA.― (Silencio.) Cuando le encuentre. Como me dijo.

VIUDA.― ¿Aquí le está buscando?

NOVIA.― ¡Bájeme de aquí!

VIUDA.― No creo que tenga usted mucha prisa. Podría haber utilizado el camino más rápido.

NOVIA.― ¿Qué camino?

VIUDA.― La puerta. (Ríe)

NOVIA.― (Termina su cigarro, lo tira y se apaga sobre la sangre) Me dijo que si no volvía a buscarme, fuese por él.

VIUDA.― ¿Al cementerio?

NOVIA.― Después de tanto tiempo, ¿dónde sino?

VIUDA.― La misma vieja historia de amor.

NOVIA.― ¿Me regala un trago de aguardiente? (La Viuda, ahora apoyada en la tapia, alcanza la petaca a la Novia) Él siempre me contaba de su vida, frente a dos copas de aguardiente.

VIUDA.― ¿Y cuándo le perdió?

NOVIA.― Se fue en un buque.

VIUDA.― ¿Y cómo se llama?

NOVIA.― Todos le dicen el negro, pero es rubio como la cerveza.

VIUDA.― (Lentamente se desliza por la pared, hasta quedar sentada. De nuevo se mancha con la sangre que sigue goteando) Entiendo.

NOVIA.― ¿No lo habrá visto usted?

VIUDA.― Por aquí pasa tanta gente. La memoria. Traiciona.

NOVIA.― Tome.

La Novia le alcanza la petaca a la Viuda. La Novia agarra fuertemente a la Viuda de la muñeca.

VIUDA.― ¡Suélteme, malnacida!

NOVIA.― ¡Ayúdeme a bajar de aquí!

VIUDA.― ¡Nos vamos a matar las dos!

NOVIA.― ¡Me estoy desangrando! ¡Bájeme! (Consigue soltarse. La Novia está ahora más cerca del suelo. Silencio.) Tengo sueño.

VIUDA.― Duerma.

NOVIA.― (La sangre gotea ahora más rápido) Estoy perdiendo a mi familia. Bájeme de aquí, por favor.

VIUDA.― Ya queda poco. ¿Bebe?

NOVIA.― Me pesan mucho las manos.

VIUDA.― (Bebe) ¿Qué más quiere?

NOVIA.― Se me cierran los ojos.

VIUDA.― Ciérrelos.

NOVIA.― Ayúdeme.

VIUDA.― En eso estoy.


La Viuda llora ahora silenciosamente. Llora y llora. Bebe y bebe.

NOVIA.― Me voy. ¿Viene?

VIUDA.― El cielo... por mi puede esperar.

Cae sobre el suelo la última gotita de sangre de la Novia. La Viuda la observa. La Viuda llora en silencio.


VIUDA.― ¡Manuel!

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