miércoles, 29 de enero de 2014

Ejercicio Mito

Electra encadenada

de Silvana Pérez



Cocina/salón de un pequeño apartamento. Clitemnestra prepara café. Son las siete de la mañana. Está todavía en ropa de cama. Entra Electra empujando la silla de ruedas en la que yace Agamenón. Éste está atado a la silla de ruedas, completamente inerte, sus ojos no miran de frente, sino que, como su cabeza están algo inclinados.

Electra. Me tienes que contar todo lo que hiciste en Irak, papi. Cuando puedas, si algún día puedes.

Clitemnestra. ¿Quieres café?

Electra. Sí. (A Agamenón) ¿Quieres café, papá?

Clitemnestra. ¿Te pongo dos tazas, nena?

Electra. Sí, nos pones dos tazas, madre.

Clitemnestra. Toma.

Electra. (A Agamenón) No te preocupes, aún es tu mujer. Puedes hacer con ella lo que quieras.

Clitemnestra. ¡Egisto! ¡Levántate joder, que soy minoría! (A Electra) Te dejo aquí la lista de la compra.

Electra. No sé si podré subir las bolsas yo sola. ¿Me ayudarás tú, papito?

Clitemnestra. Móntatelo como quieras, pero me haces la compra.

Egisto entra en calzoncillos.

Clitemnestra. Buenos días cariño. (Se besan) ¿Todo esto es tuyo?

Egisto. No tendrías que haberme dejado solo en la cama.

Clitemnestra. ¿Te pongo un café?

Egisto. Me pones.

Clitemnestra. Suéltame. (Sirve otra taza de café en la mesa y se sientan los cuatro)

Electra. ¿A qué hora vas a volver?

Egisto. Tarde, como siempre.

Electra. Madre, ¿a qué hora vas a volver?

Clitemnestra. No te metas en lo que no te importa. No importa lo que yo haga. Tú tienes que quedarte en casa, cuidando de tu padre.

Electra. Podría algún día ayudarte en la peluquería. Necesito que me dé un poco el aire.

Clitemnestra. ¿No sales con tu padre? ¿No paseas con él?

Electra. El ascensor está estropeado.

Clitemnestra. El viejo huele. Lávalo cuando nos vayamos. No quiero ver los colgajos de la discordia. ¿En qué momento yo...?

Egisto. Olvídalo nena.

Electra. (A Agamenón) ¿Lo puedes entender? Esa desgraciada. Dándose el lote en tus narices. Y el otro. Pues no es chulo el otro. Dos tortas bien dadas. (Pausa) Tienes un poco de babita aquí. Ya está. Ahora estás estupendo. (Pausa) Yo tampoco la hubiese echado de menos.

Clitemnestra. ¿Qué dices? Te he oído hija de perra. Te he oído. Eres una niña malcriada y consentida por esa patata que tienes por padre.

Electra. Todavía es tu marido.

Electra empuja la silla de ruedas hasta el balcón. Es de noche. Ella se apoya en la barandilla del balcón. Fuma. Agamenón y su silla asoman por el ventanal.

Electra. Me tendrás que perdonar. (Mira a Agamenón)Lo tengo que hacer. (Le pone un cigarro en la boca) Antes te gustaba fumar. Dicen que fumar va bien. Relaja los esfínteres. (Electra da una calada al cigarro y besa a su padre, le mete todo el humo del cigarro) Si me entiendes haz algo, parpadea. (Pausa) Lo tengo que hacer, no me gusta utilizarte. Mira el barrio. No es ya como lo dejaste. (Pausa) Cuando fuiste a Irak todo parecía como si fuese a mejorar. ¿No? Un poco de aire en la casa. (Se sienta en su regazo) Yo sí te eché de menos. (Le besa en la mejilla) Me di cuenta de que no podía vivir sin ti. (Pausa) Mamá en seguida te reemplazó. Por lo que decían en el periódico, que os tirabais a las moras. ¿Es verdad eso? (Da otra calada profunda) A ver abre la boca. (Se la abre y echa todo el humo del cigarro dentro de la boca de Agamenón) ¿A las moras muertas también? ¿No te daba asco? (Pausa) ¿A mi me echaste de menos? (Pausa) Estás tan lejos. Eras un padre guay. Me gustaba hablar de ti a los colegas. Ahora ya ni les veo. (Pausa. Huele a Agamenón) Gracias.

Cocina/Salón. Electra friega los platos. Entra Clitemnestra.

Clitemnestra. Huele a mierda.

Electra. ¿Qué?

Clitemnestra. Es asqueroso, huele a cloaca. (Abre las ventanas y el balcón)

Electra. Serán las cañerías. Pero yo no huelo nada. Quizás ese olor misterioso viene de la calle. (Se asoma al balcón) ¡Orestes!

Clitemnestra. Dios mío, qué asco voy a vomitar. ¿No se habrá podrido algo por aquí?

Electra. Está casa está siempre limpia. Me encargo yo. (Mirando hacia la calle, desde el exterior del balcón) Ahí estás... ¡Mira hacia arriba! Mira... Mírame.

Clitemnestra. Electra coño, entra.

Electra. Voy.

Clitemnestra. Es tu padre. Se ha cagado.

Electra. No es posible. Ya cagó esta mañana. Como todos los días, a la misma hora. Por eso le dejamos atado en el trono, para no tener que limpiarlo después.

Clitemnestra. ¿Y no lleva pañales?

Electra. ¡Quieres que le ponga pañales al rey de la casa!

Entra Egisto borracho.

Clitemnestra. Cariño, el viejo se lo ha hecho encima.

Egisto. Pensaba que cagaba por un tubo. Límpialo. (Se sienta en el sofá)

Clitemnestra. (A Electra) Límpialo.

Electra. No quiero. Hazlo tú.

Clitemnestra. (Agarrando a Electra por el cuello y acercándola a Agamenón) Es tu padre y le debes una existencia digna. Sois de la misma sangre. Un gran soldado nunca pierde la dignidad, un gran soldado nunca pierde una batalla. Y menos contra si mismo. ¿Hueles?

Electra. No huelo nada.

Clitemnestra. ¿No hueles?

Electra. Huelo a mi padre.

Clitemnestra. Malnacida, te vas a enterar.

Egisto. (A Clitemnestra) Hazlo tú. Al fin y al cabo, sigue siendo tu marido. (Pausa) Silencio.

Electra sale de nuevo al balcón y Egisto se duerme con una cerveza fría en la mano.

Electra. Tiene que ser él. ¿Qué hace? (Pausa) Fuma. Sí, es él. El único rubio de la casa. ¿No me miras? Hermano. A ti también te he echado de menos. Mis hombres. (Silba) No me oye.

Electra silba de nuevo y Orestes se gira la mira, vuelve la cabeza y sigue fumando. Electra silba otra vez.

Orestes. ¿Qué quieres?

Electra. ¿Qué haces aquí?

Orestes. ¿Quién eres?

Electra. Pensé que no volvería a verte.

Orestes. Perdona pero no te conozco. (Inicia la salida)

Electra. Espera. ¿No me reconoces?

Orestes. Baja y deja que te mire de cerca.

Electra. No puedo salir de aquí. Te estaba esperando para que me ayudases, Orestes.

Orestes. ¿Cómo sabes mi nombre?

Electra. Hemos jugado juntos tantas veces. Yo tampoco me acordaría de ti, si no esperase verte en este barrio.

Orestes. ¿Esperabas verme tú a mi?

Electra. (Canta) Estaba la rana sentada cantando debajo del agua. Cuando la rana se puso a cantar vino la mosca y la hizo callar.

Orestes. (Canta con ella) ... Vino la mosca y la hizo callar. (Pausa) Electra. Tan mayor estás.

Electra. ¿Te acuerdas ahora? ¿Qué haces en este barrio?

Orestes. Me dijeron que fue en esta plaza donde papá tuvo el accidente. ¿Cómo estás?

Electra. Me tienen encerrada. La bruja que tienes por madre me obliga a cuidar de nuestro padre.

Orestes. ¿No habla?

Electra. No. Creo que ni piensa.

Orestes. ¿Se mueve?

Electra. Solo se mueve con mis manos.

Orestes. Tendría que haber vuelto antes.

Electra. La fresca esa me martiriza todos los días. Me tiene de chacha todo el día en casa, no me deja trabajar en la peluquería. Las clientas me echan de menos, preguntan por mí.

Orestes. Podrías haberte ido.

Electra. Ella tiene la custodia de papá. Para la herencia. No lo puede abandonar.

Orestes. No he podido volver antes.

Electra. Y su hombre no respeta la presencia de nuestro padre. La magrea delante de los dos. Y ella, ella, ella es tan puta que no le importa. Me gustaría tener la fuerza en mis manos para estrangularles.

Orestes. Me duele en el pecho. (Pausa) Tengo la pistola.

Electra. Sube.

Electra entra y va hacia el telefonillo. Abajo, Orestes entra por el portal. Oscuro.







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