El estilo de Lourdes Ortiz
Jana
Pacheco
Fedra en su segundo parlamento afirma “me
pongo lorquiana” para introducir palabras repletas de poesía y
sensualidad. Reconocemos aquí a la
autora, Lourdes Ortiz, que homenajea al poeta andaluz.
El erotismo de Fedra se desprende de sus
deseos, de sus palabras calientes, de sus emociones. La sexualidad del
personaje femenino se desplaza. El cuerpo de la mujer deja de ser el objeto de
deseo, la carne para ser devorada, para convertirse en piel que desea, en
voracidad, en pasión. Este huracán de versos recuerda al famoso pasaje de Bodas de Sangre, donde La novia huye con
Leonardo arrastrada por su ardiente deseo. La mujer lorquiana anuncia sus
impulsos sexuales, la mujer que plantea Lourdes Ortiz los libera.
Los Personajillos que comentan la obra
recuerdan a los duendes de Don Perlimplín
con Belisa en su Jardín, que airean la sexualidad de la joven Belisa, capaz
de recibir a cinco hombres distintos en una misma noche, para que arruguen sus
sábanas y satisfagan su pasión.
Lourdes consigue la musicalidad con cada
silaba. Sus versos pintan y arañan con fervor. Descompone la simbología
cristiana de la carne para convertirla en sensualidad y vertebra la naturaleza
para convertirla en el “único dios que todo lo ordena”. Todo ello genera en el
texto un tono elevado que transforma lo escénico en mágico, palabra que, según
los griegos es la “cualidad de lo sobrenatural”.
La poesía desvela secretos que conectan
al ser humano con lo trágico y lo universal, en definitiva, con el mito. Así, la Fedra de Ortiz es un regreso a su naturaleza más pura. Con ella podemos
seguir bailando “en la danza repetida bajo la alfombra” y “soñar con fronteras
que atravesar”.
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