jueves, 30 de enero de 2014

Comentario Lourdes Ortiz, Jana Pacheco



El estilo de Lourdes Ortiz

Jana Pacheco

Fedra en su segundo parlamento afirma “me pongo lorquiana” para introducir palabras repletas de poesía y sensualidad.  Reconocemos aquí a la autora, Lourdes Ortiz, que homenajea al poeta andaluz.
El erotismo de Fedra se desprende de sus deseos, de sus palabras calientes, de sus emociones. La sexualidad del personaje femenino se desplaza. El cuerpo de la mujer deja de ser el objeto de deseo, la carne para ser devorada, para convertirse en piel que desea, en voracidad, en pasión. Este huracán de versos recuerda al famoso pasaje de Bodas de Sangre, donde La novia huye con Leonardo arrastrada por su ardiente deseo. La mujer lorquiana anuncia sus impulsos sexuales, la mujer que plantea Lourdes Ortiz los libera.  

Los Personajillos que comentan la obra recuerdan a los duendes de Don Perlimplín con Belisa en su Jardín, que airean la sexualidad de la joven Belisa, capaz de recibir a cinco hombres distintos en una misma noche, para que arruguen sus sábanas y satisfagan su pasión. 

Lourdes consigue la musicalidad con cada silaba. Sus versos pintan y arañan con fervor. Descompone la simbología cristiana de la carne para convertirla en sensualidad y vertebra la naturaleza para convertirla en el “único dios que todo lo ordena”. Todo ello genera en el texto un tono elevado que transforma lo escénico en mágico, palabra que, según los griegos es la “cualidad de lo sobrenatural”. 

La poesía desvela secretos que conectan al ser humano con lo trágico y lo universal, en definitiva, con el mito. Así, la Fedra de Ortiz es un regreso a su naturaleza más pura. Con ella podemos seguir bailando “en la danza repetida bajo la alfombra” y “soñar con fronteras que atravesar”. 

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