miércoles, 22 de enero de 2014

LA DRAMATURGIA DE LOURDES ORTIZ

Los ingredientes de Lourdes Ortiz
por Isabel Vidal


La dramaturgia de Lourdes Ortiz resulta tan polifacética como la misma autora. Como un huracán de emociones en el que todo se mezcla, provocando una fuerte conmoción. Para bien o para mal, el lector/espectador no saldrá indiferente de esta tormenta de amor, humor, celos, rivalidades...

Lourdes juega con el decoro, lo alcanza y desafía el tono único. Combina con maestría un discurso suntuoso con tintes eróticos y sensuales, con un argot popular, desenfadado, plagado de muletillas. En cualquiera de sus registros, Lourdes emplea un lenguaje plagado de metáforas visuales, en las que la ciudad cobra un papel importante. La ciudad como espacio dramático primordial. Una ciudad que Lourdes explora adentrándose en sus entrañas y nos la ofrece destripada.

Sus personajes se sienten más cómodos en la narración que en la confrontación. Sin embargo, el relato de muchos se convierte en un jarro de agua fría que cae sobre otros. Se produce de esta manera la confrontación, se llega al conflicto, al drama. Un drama indirecto, se podría decir, en el que las luchas se desencadenan en la puerta de atrás, en el subtexto. Ejemplo de ello es la magnífica escena entre Fedra y Teseo en Fedra. En esta escena Fedra increpa a su marido desde la ensoñación, la distracción, el discurso indirecto. Esto se ve apoyado por la creación de diferentes planos de realidad en los que viven los personajes. Advertimos como personajes que se encuentran en la misma escena, habitan realidades completamente diferentes y, en muchas ocasiones, ajenas. Esto aporta una atmósfera poética que atrapa al espectador.

Por último, destacar el rescate del coro que lleva a cabo Lourdes. Un coro de esencia cómica que se mantiene ajeno a la fábula, comentándola como si de un espectador más se tratase. Esto se asemeja al papel del coro trágico clásico, que aun estado dentro de la tragedia, juzgaba a sus personajes y sus acciones, y aconsejaba, desde la distancia objetiva. Sin embargo, Lourdes introduce un elemento novedoso y original en su coro: los miembros del coro son personajes independientes, no son un conjunto, y dialogan entre ellos, abriéndose así una segunda línea dramática, la que acontece al coro.


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