Lourdes
Ortiz
Autora
de narrativa y teatro, Lourdes Ortiz nos muestra en su Fedra una mujer llena de
deseos y libertad. La Fedra
que nos muestra Lourdes Ortiz lucha contra los cánones establecidos, ama y
desea a Hipólito a pesar de su marido; lo mismo que Hipólito la ama a ella en
la misma medida que odia a su padre, Teseo. Hipólito reivindica a Fedra como un
todo: hermana, madre, esposa y amante.
[…] vivir solamente pensando en ese instante
en que de nuevo, podré sentir que yo –el hijo- soy también el padre y el
esposo, el amante, el dueño de esa carne […]
[…] ¡Oh, Fedra, mujer, madre y hermana,
adornada con los méritos inconfundibles de la triple diosa! […]
Ortiz
despoja a sus personajes de solemnidad histórica a cambio de regalarles poesía
y realidad, para acercarnos sus deseos y pasiones
En
cuanto al lenguaje, Ortiz, toca toca teclas muy lorquianas, los mismos
personajes lo dicen:
FEDRA: Sabes, dueña, me pongo lorquiana
cuando pienso en él, se me revuelven las entrañas y me galopan corceles de
crines negras en la cintura.
La
comunidad gitana, también tan presente en la obra de Lorca, aparece aquí: una
conversación entre una pareja de gitanos a modo de premonición
No sólo
los personajes directamente aluden a Lorca, también en su texto aparecen
palabras clave – pedernales o crótalos- y metáforas que nos conducen
directamente al poeta granadino.
Quizás
menos directamente, pero también podemos encontrar referencias a pintores
contemporáneos (contemporáneos de Lorca, también), pues Hipólito nos muestra su
anelo por Fedra describiendo una realidad distorsionada, que nos conduce
directamente a Dalí:
HIPÓLITO: Perderme en esas manos y dejar que
el tiempo se anule, que los pronombres se disuelvan, que los relojes dejen caer
sus manecillas, que los divanes se contraigan, que se cierren como campanas que
acurrucan, que dan calor.
La
obra de Lourdes Ortiz toma elementos de muchas disciplinas artísticas. Nos
acerca al mito universal, despojándolo del paternalismo clásico. Podemos hablar
de cierta distorsión entre el mito clásico y el que nos muestra Ortiz. Una
distorsión a través de prisma que revela lo suficiente para ser reconocido.
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