martes, 6 de mayo de 2014

Lourdes Ortiz


Lourdes Ortiz

Autora de narrativa y teatro, Lourdes Ortiz nos muestra en su Fedra una mujer llena de deseos y libertad. La Fedra que nos muestra Lourdes Ortiz lucha contra los cánones establecidos, ama y desea a Hipólito a pesar de su marido; lo mismo que Hipólito la ama a ella en la misma medida que odia a su padre, Teseo. Hipólito reivindica a Fedra como un todo: hermana, madre, esposa y amante.

[…] vivir solamente pensando en ese instante en que de nuevo, podré sentir que yo –el hijo- soy también el padre y el esposo, el amante, el dueño de esa carne […]
[…] ¡Oh, Fedra, mujer, madre y hermana, adornada con los méritos inconfundibles de la triple diosa! […]

Ortiz despoja a sus personajes de solemnidad histórica a cambio de regalarles poesía y realidad, para acercarnos sus deseos y pasiones

En cuanto al lenguaje, Ortiz, toca toca teclas muy lorquianas, los mismos personajes lo dicen: 

FEDRA: Sabes, dueña, me pongo lorquiana cuando pienso en él, se me revuelven las entrañas y me galopan corceles de crines negras en la cintura.


La comunidad gitana, también tan presente en la obra de Lorca, aparece aquí: una conversación entre una pareja de gitanos a modo de premonición
No sólo los personajes directamente aluden a Lorca, también en su texto aparecen palabras clave – pedernales o crótalos- y metáforas que nos conducen directamente al poeta granadino.

Quizás menos directamente, pero también podemos encontrar referencias a pintores contemporáneos (contemporáneos de Lorca, también), pues Hipólito nos muestra su anelo por Fedra describiendo una realidad distorsionada, que nos conduce directamente a Dalí:

HIPÓLITO: Perderme en esas manos y dejar que el tiempo se anule, que los pronombres se disuelvan, que los relojes dejen caer sus manecillas, que los divanes se contraigan, que se cierren como campanas que acurrucan, que dan calor.

La obra de Lourdes Ortiz toma elementos de muchas disciplinas artísticas. Nos acerca al mito universal, despojándolo del paternalismo clásico. Podemos hablar de cierta distorsión entre el mito clásico y el que nos muestra Ortiz. Una distorsión a través de prisma que revela lo suficiente para ser reconocido.

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