Francisco Nieva puede decir que ha
trabajado dentro de casi todos los ámbitos del teatro y de las artes
plásticas. En su biografía podemos leer que es un reconocido
escenógrafo, director de escena, narrador, ensayista, dibujante y
dramaturgo. Como dramaturgo fue como más le costó encontrar el
reconocimiento a pesar de que, más adelante, cosechó dos Premios
Nacional de Teatro (1980 y 1992) y un Premio Nacional de Literatura
Dramática (1992).
Nace en
Valdepañas y su origen está fuertemente plasmado en su obra, como
vemos en el hablar de muchos de sus personajes empapados de la
ruralidad manchega. Vive en el seno de una familia burguesa liberal
hecho que le proporcionará la oportunidad de asistir muchas veces al
teatro. Estudiará artes plásticas en Madrid e intentará abrirse
paso en el mundo del arte. Su formación se verá plasmada en las
esmeradas acotaciones y la precisión al describir los ambientes que
nos propone:
Oscuro. Un
creciente rumor de gruñidos, cacareos, balidos, relinchos, etc. Al
hacerse poco a poco la luz, el rumor se va gradualmente
apagando.[...] Dormitorio de un albergue particularmente siniestro.
Sólo una puerta al fondo y, también al fondo -teniendo en cuenta la
ruptura arquitectónica que se le quiera dar al trazado de la
habitación-, una pequeña ventana al exterior, sin cristales, pues
sólo se cierra con una portezuela de madera. Muy visible, un lecho,
quizá con las cortinas recogidas. [...]
Malditas sean Coronada y sus hijas. Antonio González. 1999:121
En sus líneas
dramáticas se puede intuir su influencia lorquiana y su gran
admiración por Valle-Inclán. En común con estos dos autores tendrá
el tardío reconocimiento de su obra dramática, como podemos leer en
el prólogo de Moisés Pérez Coterillo de tres obras de Nieva
recogidas bajo el título Teatro Furioso:
En
bachiller nos explicaban que el teatro de Valle-Inclán, nuestro más
insigne dramaturgo, no era tal, o en último caso y a fuerza de
concesiones, que era un teatro "para leer". Es posible que
la maldición similar que pesa sobre el teatro de Nieva no tarde
tanto en levantarse.
Su escritura
está impregnada de su consciencia de no estar acorde con los tiempos
que le tocó vivir. Sus personajes son extremados y extremistas a la
vez que folclóricos, dotándolos de un copioso vocabulario que, en
ocasiones, hace dudar al lector-espectador sobre el idioma en el que
hablan. La riqueza y la particularidad de su obra, a pesar de sus
influencias, no son habituales en la escena española.
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