domingo, 18 de mayo de 2014

Friederich Hölderlin




La poesía de Hölderlin ocupa un lugar importante pero apartado en la historia de la literatura universal y alemana. El autor tiene una breve vida, acortada aún más por una patología psiquiátrica que le arrebata los últimos años de su vida. Nace en Lauffen am Neckar, Alemania y durante toda su vida está influenciado por la iglesia: su padre fue administrador eclesiástico y él se inicia en la carrera eclesiástica a los catorce años para más tarde matricularse en la Facultad de Teología de Tubinga, termina sus estudios en 1793 pero no desempeñará ningún cargo parroquial y se gana la vida con la enseñanza privada.

Dentro de su obra la infancia y sus recuerdos tienen una importancia especial, como si el autor quisiera conservar las horas dichosas de la infancia. Esto dará un carácter particularmente melancólico a su obra.

¡Oh, dame de nuevo mi juventud,
estoy destrozado de amor y de odio.

Su pasión por la antigua Grecia se ve reflejada en su poema El Archipiélago. Este poema describirá con detalle los paisajes que se convertirán en protagonistas de la obra. El detalle llega a ser tan prolijo y certero que el propio poema parece una gran ola que se ve acercarse desde lejos para terminar en los pies del lector.

A lo largo de la obra de Hölderlin se puede ver un acercamiento a la naturaleza dejando de lado la razón o la búsqueda de la verdad. Hölderlin fue conocido por sus obras líricas que se caracteriza por su intensa subjetividad, aunque su expresividad se ve templada por su afinidad con el clasicismo griego y su equilibrio. No usaba rima sino que escribía con una forma poética flexible: verso libre. El lector palpita con el texto, dejándose abrazar por él y sus descripciones, hasta que paulatinamente se va alejando de él.

No hay comentarios:

Publicar un comentario