La
poesía de Hölderlin ocupa un lugar importante pero apartado en la
historia de la literatura universal y alemana. El autor tiene una
breve vida, acortada aún más por una patología psiquiátrica que
le arrebata los últimos años de su vida. Nace en Lauffen am Neckar,
Alemania y durante toda su vida está influenciado por la iglesia: su
padre fue administrador eclesiástico y él se inicia en la carrera
eclesiástica a los catorce años para más tarde matricularse en la
Facultad de Teología de Tubinga, termina sus estudios en 1793 pero
no desempeñará ningún cargo parroquial y se gana la vida con la
enseñanza privada.
Dentro
de su obra la infancia y sus recuerdos tienen una importancia
especial, como si el autor quisiera conservar las horas dichosas de
la infancia. Esto dará un carácter particularmente melancólico a
su obra.
¡Oh,
dame de nuevo mi juventud,
estoy
destrozado de amor y de odio.
Su
pasión por la antigua Grecia se ve reflejada en su poema El
Archipiélago. Este poema describirá con detalle los paisajes que se
convertirán en protagonistas de la obra. El detalle llega a ser tan
prolijo y certero que el propio poema parece una gran ola que se ve
acercarse desde lejos para terminar en los pies del lector.
A
lo largo de la obra de Hölderlin se puede ver un acercamiento a la
naturaleza dejando de lado la razón o la búsqueda de la verdad.
Hölderlin fue conocido por sus obras líricas que se caracteriza por
su intensa subjetividad, aunque su expresividad se ve templada por su
afinidad con el clasicismo griego y su equilibrio. No usaba rima sino
que escribía con una forma poética flexible: verso libre. El lector
palpita con el texto, dejándose abrazar por él y sus descripciones,
hasta que paulatinamente se va alejando de él.
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