COMENTARIO: BEBIENDO EN CALAVERAS (Fernando Arrabal)
Por: Lola G. Otero
La
imaginación es el arte de combinar los recuerdos. Con esta afirmación Arrabal
pone luz a una cuestión fundamental para definir el talante o talento de
cualquier creador. Es, en cualquier caso, la herramienta con la que construye
los universos que definen su estilo, entendido este, como la forma en que da
vuelo al contenido emocional e intelectual de su obra. Menciona la belleza y el
horror, dos extremos entre los que se ubica la creación artística y que
sirven para delimitar un espacio de otro
modo inabarcable; el lugar en el que aparece la inspiración. A lo largo de la
historia los artistas han buscado el modo de
expresar las pulsiones que animan su existencia y han tratado de
reflejar la realidad, de sublimarla o re-crearla, así nos habla del gran
Parrasio que no duda en tomar esclavos martirizados para poder captar la
esencia del sufrimiento y trasladarla a su obra de forma veraz, de Bouguereau,
de los imagos; se sirve de estos ejemplos para ilustrar la idea de que el
creador requiere de la observación del devenir cotidiano para llevar a cabo su
tarea. Esto en lo que tiene de mímesis el arte, la reproducción fidedigna de lo
que sucede, si es que no todo arte es de un modo u otro interpretación. Quizás
en este punto se encuentra el sello u originalidad del artista, justo en la
interpretación que alcanza así, en su ejecución subjetiva, categoría de
creación.
Ciertamente
Arrabal siempre ha sido calificado como enfant
terrible, su fama le precede, la puesta en escena de sí mismo, la anécdota,
el chiste incluso. Pero a él no le preocupa. Es ejemplo de fusión entre el
autor y su obra, no hay distancia entre uno y otra. Arrabal es teatro como John
Coltrane es jazz. En este artículo explica de dónde bebe, cuáles son sus
fuentes, recursos sencillos que proceden de su entorno inmediato y que le
sirven para elaborar los universos en los que acostumbra a desarrollar su
imaginario. Es un caudal creativo del que aprender en cada ocasión, la
enseñanza o el modelo se asientan en el profundo conocimiento que atesora;
siempre sabe dónde está, es capaz de lanzarse al vacío porque sólo en el vacío
se encuentra el instante creativo, pero es un vacío repleto de destellos que a
través de la palabra toman forma de argumento, de trama, de análisis. Testigo
directo de un fragmento de la historia política, social y artística, consciente
del lugar que ocupa, asiste motivado al momento presente, ofrece una esperanza,
una nueva emoción, como dije anteriormente un espacio en el que la
investigación permite explicar de dónde surge la pulsión creativa. La mecánica
cuántica, las matemáticas fractales, la explicación de la magia o una nueva
manera de entenderla y, sobre todo, el concepto “formidable” que, en su
significado completo, reafirma el
espacio entre el horror y la belleza,
ese vértigo, que es imprescindible y que le lleva a mencionar que sólo puede
beber en calaveras.
Con
Calvados, por supuesto.
NO HAY NADA NUEVO BAJO LAS ESTRELLAS
(Gabriel Fuentes)
La reflexión que más me ha interesado del artículo “Bebiendo en calaveras” de Fernando Arrabal gira en torno a los conceptos, aparentemente contradictorios, de tradición y modernidad.
El planteamiento inicial del autor se centra en las diversas fuentes de inspiración de los creadores a lo largo de los siglos: modelos en cerámica, estados emocionales e incluso el sufrimiento de seres humanos mediante la tortura, con el objeto de captar la apariencia de las cosas. A continuación, nos sitúa en el contexto donde crea sus obras y presenta los motivos por los que se le ha atribuido la etiqueta de autor provocador. Relativiza esta acusación apoyándose en otros grandes autores de tiempos anteriores, a los que ya se les había asignado la misma condición. Arrabal plantea que la inspiración no es la única herramienta que tiene el autor, sino también el conocimiento, que contribuyendo a nuestro imaginario, genera imágenes y recuerdos, materiales fundamentales del proceso creativo. Estos conocimientos construyen un universo personal que determina nuestra visión del mundo.
Para concluir, querría destacar la necesidad de asumir la tradición y de aportar lo propio de cada artista. Coincido con el planteamiento del autor, aunque destacaría que cuando hablamos de conocimiento no sólo nos debemos referir a lo puramente teórico, sino también a la experiencia vital, que a mi juicio, es el factor determinante en esa conjugación llamada creación.
Comentario Bebiendo en Calaveras de Fernando Arrabal
De
Silvana
Pérez
Fernando
Arrabal nos describe sus sensaciones al enfrentarse a la escritura de un texto.
Es muy interesante observar su experiencia en el ejercicio de la escritura,
pues de una actividad tan sosegada él experimenta unas sensaciones físicas muy
breves de gran dimensión corporal: volar. La dualidad de sus sensaciones en la
que el que alguna vez ha escrito algo gracias a la inspiración se puede
reconocer: Durante un soplo de viento me
imagino dios con los dioses del Olimpo y prisionero aterrado en su calabozo de
tinieblas.
Encontramos
también un acercamiento a su modo de inspiración, a ese momento de trance en el
que el autor está en control y a la vez se siente manipulado. La imaginación es el arte de combinar
recuerdos nos dice, sus trances activos, su inspiración es esta
imaginación.
En todo
momento Arrabal describe una experiencia dual sobre la escritura nos habla de cómo
siente que su arte es “dictado” por alguien superior a la vez que el controla
su obra de un modo demiúrgico. Las ideas
que refleja Arrabal en el texto están llenas de oxímoron, ideas contradictorias
que no dejan de ser verdad que surgen de la complejidad que nace al intentar
explicar un proceso creativo tan íntimo y, muchas veces, tan irracional como es
el de la escritura.
Mi teatro es el reflejo de las peripecias del minúsculo grupo que me
rodea y de toda la humanidad. Uno podría pensar que
Arrabal nos propone un “todo vale” a la hora de escribir, y en efecto creo que
parte de lo que nos dice es así, todo vale siempre que le valga a uno mismo.
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