jueves, 7 de noviembre de 2013


COMENTARIO: BEBIENDO EN CALAVERAS (Fernando Arrabal)
Por: Lola G. Otero
          La imaginación es el arte de combinar los recuerdos. Con esta afirmación Arrabal pone luz a una cuestión fundamental para definir el talante o talento de cualquier creador. Es, en cualquier caso, la herramienta con la que construye los universos que definen su estilo, entendido este, como la forma en que da vuelo al contenido emocional e intelectual de su obra. Menciona la belleza y el horror, dos extremos entre los que se ubica la creación artística y que sirven  para delimitar un espacio de otro modo inabarcable; el lugar en el que aparece la inspiración. A lo largo de la historia los artistas han buscado el modo de  expresar las pulsiones que animan su existencia y han tratado de reflejar la realidad, de sublimarla o re-crearla, así nos habla del gran Parrasio que no duda en tomar esclavos martirizados para poder captar la esencia del sufrimiento y trasladarla a su obra de forma veraz, de Bouguereau, de los imagos; se sirve de estos ejemplos para ilustrar la idea de que el creador requiere de la observación del devenir cotidiano para llevar a cabo su tarea. Esto en lo que tiene de mímesis el arte, la reproducción fidedigna de lo que sucede, si es que no todo arte es de un modo u otro interpretación. Quizás en este punto se encuentra el sello u originalidad del artista, justo en la interpretación que alcanza así, en su ejecución subjetiva, categoría de creación.

          Ciertamente Arrabal siempre ha sido calificado como enfant terrible, su fama le precede, la puesta en escena de sí mismo, la anécdota, el chiste incluso. Pero a él no le preocupa. Es ejemplo de fusión entre el autor y su obra, no hay distancia entre uno y otra. Arrabal es teatro como John Coltrane es jazz. En este artículo explica de dónde bebe, cuáles son sus fuentes, recursos sencillos que proceden de su entorno inmediato y que le sirven para elaborar los universos en los que acostumbra a desarrollar su imaginario. Es un caudal creativo del que aprender en cada ocasión, la enseñanza o el modelo se asientan en el profundo conocimiento que atesora; siempre sabe dónde está, es capaz de lanzarse al vacío porque sólo en el vacío se encuentra el instante creativo, pero es un vacío repleto de destellos que a través de la palabra toman forma de argumento, de trama, de análisis. Testigo directo de un fragmento de la historia política, social y artística, consciente del lugar que ocupa, asiste motivado al momento presente, ofrece una esperanza, una nueva emoción, como dije anteriormente un espacio en el que la investigación permite explicar de dónde surge la pulsión creativa. La mecánica cuántica, las matemáticas fractales, la explicación de la magia o una nueva manera de entenderla y, sobre todo, el concepto “formidable” que, en su significado completo,  reafirma el espacio entre  el horror y la belleza, ese vértigo, que es imprescindible y que le lleva a mencionar que sólo puede beber en calaveras.

           Yo, en este momento, quisiera brindar por él.

           Con Calvados, por supuesto.




NO HAY NADA NUEVO BAJO LAS ESTRELLAS
(Gabriel Fuentes)



La reflexión que más me ha interesado del artículo “Bebiendo en calaveras” de Fernando Arrabal gira en torno a los conceptos, aparentemente contradictorios, de tradición y modernidad.

El planteamiento inicial del autor se centra en las diversas fuentes de inspiración de los creadores a lo largo de los siglos: modelos en cerámica, estados emocionales e incluso el sufrimiento de seres humanos mediante la tortura, con el objeto de captar la apariencia de las cosas. A continuación, nos sitúa en el contexto donde crea sus obras y presenta los motivos por los que se le ha atribuido la etiqueta de autor provocador. Relativiza esta acusación apoyándose en otros grandes autores de tiempos anteriores, a los que ya se les había asignado la misma condición. Arrabal  plantea que la inspiración no es la única herramienta que tiene el autor, sino también el conocimiento, que contribuyendo a nuestro imaginario, genera imágenes y recuerdos, materiales fundamentales del proceso creativo. Estos conocimientos construyen un universo personal que determina nuestra visión del mundo.

Para concluir, querría destacar la necesidad de asumir la tradición y de aportar lo propio de cada artista. Coincido con el planteamiento del autor, aunque destacaría que cuando hablamos de conocimiento no sólo nos debemos referir a lo puramente teórico, sino también a la experiencia vital, que a mi juicio, es el factor determinante en esa conjugación llamada creación.


Comentario Bebiendo en Calaveras de Fernando Arrabal
De
Silvana Pérez

Fernando Arrabal nos describe sus sensaciones al enfrentarse a la escritura de un texto. Es muy interesante observar su experiencia en el ejercicio de la escritura, pues de una actividad tan sosegada él experimenta unas sensaciones físicas muy breves de gran dimensión corporal: volar. La dualidad de sus sensaciones en la que el que alguna vez ha escrito algo gracias a la inspiración se puede reconocer: Durante un soplo de viento me imagino dios con los dioses del Olimpo y prisionero aterrado en su calabozo de tinieblas.
Encontramos también un acercamiento a su modo de inspiración, a ese momento de trance en el que el autor está en control y a la vez se siente manipulado. La imaginación es el arte de combinar recuerdos nos dice, sus trances activos, su inspiración es esta imaginación.
En todo momento Arrabal describe una experiencia dual sobre la escritura nos habla de cómo siente que su arte es “dictado” por alguien superior a la vez que el controla su obra de un modo demiúrgico.  Las ideas que refleja Arrabal en el texto están llenas de oxímoron, ideas contradictorias que no dejan de ser verdad que surgen de la complejidad que nace al intentar explicar un proceso creativo tan íntimo y, muchas veces, tan irracional como es el de la escritura.
Mi teatro es el reflejo de las peripecias del minúsculo grupo que me rodea y de toda la humanidad. Uno podría pensar que Arrabal nos propone un “todo vale” a la hora de escribir, y en efecto creo que parte de lo que nos dice es así, todo vale siempre que le valga a uno mismo.


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