HOY, DON FERNANDO, YO LE INVENTO EL
CUERPO
por
Paz Palau
Si le tuviera delante, Don Fernando, no me molestaría
en resumirle. ¡Parece usted tan frágil!
Molesto con su cuerpo, no sé si por pequeño ante la
imposibilidad de contenerlo todo, le imagino deshaciéndose de él, lanzándolo
como un disfraz que ha dejado de hacer su función y da calor. Y así,
incorpóreo, libre y libertino le observo bailar con su pasado. Pasado que tiene
forma de nombres ilustres, aspectos espectrales y respeto. Y como usted, yo
recurro también a mis amigos, y me alisto en las palabras del escritor que dijo
que la memoria selecciona y poetiza el
pasado, y convierte nuestra vida en una obra de arte.
¿Dé que está hecho lo que escribo? ¿De dónde viene?
Parece preguntarse, sabio en su rincón. De todo lo que esconde el cuerpo y
expulsan las pasiones, me atrevería, maestro, a contestarle. Aunque usted ya lo
sabe. Su teatro, Don Fernando, está tejido con el juego, con líquidos de
infancia, con ganas y cansancio. Su inspiración -ciencia, humor, amor y
sufrimiento- es terrenal. Es carne. Y usted lo combina, como dice, con
recuerdos. Porque la imaginación es el
arte de combinar recuerdos. Y su pluma está llena de sangre, sudor y
humanidad.
Y como cada día le conozco un poco más, y silbo las
canciones que surgen de su mente inagotable, me permito la osadía de afirmar
que, conociendo su pasado, usted no podría estar tan cuerdo si no fuera por ese
cóctel, delicioso y amargo, que combina ese pasado doliente con el imaginario de todos sus presentes.
Hoy invito yo, pequeño Fando. Yo le invento el cuerpo.
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